SALUD. ¿Tiene o no tiene su hijo TDAH? (Por Jonathan Zegarra)

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En los últimos años, existe una queja creciente entre profesores. Dicen que los niños no presentan atención a las clases, que son inquietos, que suelen ser “más movidos” de lo normal. Tal vez, dichas conductas sean producto de El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Es por ese motivo que dicho desorden ha sido estudiado de forma multidisciplinaria, generándose distintas hipótesis sobre su origen sin llegar aún a una respuesta clara.

Sin embargo, se puede mencionar tres alteraciones analizadas por los especialistas en su diagnóstico del TDAH: 1) cambios de las conexiones de ciertas áreas cerebrales: el lóbulo frontal y el estriado. 2) descompensación de neurotransmisores específicos útiles en la comunicación de las neuronas en el cerebro. 3) alteración de las actividades necesarias para adaptarse al entorno.

Dicho esto, es bastante curioso y preocupante que estudios sobre la salud en diversos lugares mencionan que la prevalencia del TDAH alcanza entre un 5% y 8%. Y aunque no hay datos específicos de este trastorno en la realidad peruana, se cree que es prevalente en los infantes. Por lo que es importante que frente a las conductas mencionadas, padres y maestros lleven a los niños con comportamientos similares con un profesional de la salud mental.

Lamentablemente, el otro lado de la moneda es aún más alarmante. Muestra que el TDAH se sobre-diagnóstica erróneamente en niños con problemas de conducta, niños desmotivados y aburridos, o incluso en aquellos con niveles de inteligencia superior a la normal.

Por tal motivo, es importante que los padres sepan que un diagnóstico no se realiza únicamente con una breve entrevista, o la aplicación de un cuestionario. Para un análisis fiable deben identificarse signos más relevantes (impulsividad, hiperactividad, ausencia de control inhibitorio, etc.), así como la presencia de síntomas (dificultades en la atención selectiva, sostenida, problemas académicos diversos, problemas emocionales y/o de conducta), que propicien un importante deterioro en las relaciones sociales del niño, bajo rendimiento escolar, problemas de conducta  y malestar para él y los familiares.

La evaluación fiable del TDAH puede tomar varias sesiones, tomando en cuenta la entrevista a padres o familiares cercanos al menor, entrevistas a los profesores, observación del niño en la escuela, evaluación de la conducta, emoción, motivación y, sobre todo, evaluación de los procesos cognitivos involucrados en el TDAH (la memoria de trabajo, atención sostenida, selectiva, dividida y alternante, control inhibitorio, planificación, etc.), que suelen evaluarse por profesionales especializados en la neuropsicología infantil.

Tras un diagnóstico certero y fiable, las opciones de tratamiento suelen enfocarse a nivel farmacológico (como el metilfenidato), psicológico (terapia cognitivo-conductual) y neuropsicológico (corrección o rehabilitación de los procesos cognitivos implicados). Estas formas de tratamiento o terapia deben llevarse a cabo con un claro control y seguimiento por los profesionales que las dirigen, informando continuamente a los padres de los avances de dichas terapias. De igual manera, es importante que los padres se involucren en el tratamiento de sus hijos, participando activamente, especialmente de los abordajes psicológicos y de la terapia cognitivo-conductual.

Por todas estas razones,  no se apresure en tomar decisiones, consulte con un profesional y de manera seria. Recuerde que para tener la certeza de que nuestros niños tienen o no trastorno de TDHA, hace mucha más falta que un simple artículo, un test, o una sencilla entrevista.

Escrito por Jonathan Adrián Zegarra Valdivia, investigador REGINA- CONCYTEC, Msc. En Neurociencias por la Universidad Autónoma de Madrid