OPINIÓN. Sobre la leche “Pura Vida” y otras mentiras (Por Josué Arhuiri Cateriano)

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Imagen tomada del Diario Correo.

Me encanta el Perú, es el país de las maravillas, siempre hay algo de qué hablar o escribir; cada cosa es más inverosímil que otra y siempre se puede sacar una lección que nos sume.

El escándalo reciente del destilado de lo que sea, popularmente conocido como “Leche Pura Vida”, ha despertado a los consumidores peruanos y ha logrado desenmascarar el fraude en el aspecto alimenticio, debo decir que cuando vivía con mis padres, si el recuerdo no me traiciona, muchas veces, Pura Vida era nuestra primera opción, sobre todo por el aspecto económico, y pensábamos que nos estábamos alimentando con leche evaporada, cuando en realidad era agua saborizada y fortificada.

¡Habíamos vivido engañados durante años! Los peruanos hemos sido descaradamente burlados y aunque formalmente, la lata nunca dijo ser leche, ¿para qué le ponemos una vaca y la vendemos en el mismo formato que vendemos la leche?

Aquí viene la primera lección: La verdad y la certeza existen. Antes de que, tú que estás leyendo estas líneas, pienses “¿wtf con este tipo?” quisiera hablarte rápidamente de algo llamado postmodernismo. Es el tiempo donde vives; la cultura, la tele, la literatura, el arte y en muchos lugares hasta la academia, han sido consumidos por este sistema filosófico, que tiene como una de sus premisas principales, que la verdad no existe, es relativa, no es absoluta y no es universal, por tanto cualquier afirmación de certeza que vaya en desmedro de otra, debe ser descartada y cada visión individual de la realidad no sólo debe ser respetada, sino que debe tener la validez que tienen las otras perspectivas subjetivas. Uno de los mantras del postmodernismo es “lo que para ti podría estar mal, para mi podría estar bien” o “Esta es mi verdad, para ti será mentira, pero para mí es la verdad”. Estoy absolutamente convencido de que esta forma de pensar no se puede aplicar en la vida real, o por lo menos, no lo podemos aplicar a una sociedad que quiera subsistir y vivir consistentemente. ¿Lo verificamos?

Si los peruanos hemos sido engañados, entonces eso necesariamente implica que existe una verdad objetiva, es decir, que es independiente de la opinión de las partes. La mentira que nos agravió, es que se nos hizo creer que comprábamos leche evaporada, pero dadas las características y composición que tiene la leche, se pudo comprobar VERDADERAMENTE y con absoluta CERTEZA, que el producto Pura Vida, ¡no es leche!… o según las últimas declaraciones, es leche en un 60%.

Que la verdad no exista, o que sea solamente una cuestión de perspectiva sería muy conveniente para el grupo Gloria ¿te imaginas que nos digan algo cómo: “tal vez para ti no es leche, pero para nosotros sí”? No se puede. Nuestra sociedad, nuestro sistema legal, nuestras vidas, nuestras relaciones personales (la significativas, por lo menos), etc.,  no podrían subsistir o ser consistentes si todos viviéramos como si no existiese la certeza o tal cosa como la verdad.

La segunda lección que puedo encontrar de esta historia láctea, es que la identidad de las cosas no podemos definirla arbitrariamente pasando por encima de los rasgos propios o características observadas. O sea, si este alimento fortificado, no tiene la composición propia de la leche, y no me refiero nada más a lo aparente, entonces, no puede ser ofrecida como leche.

Sé que algunos me van a odiar por esto, pero así como envasar un producto que ha sido artificialmente adaptado para tener una textura y color similar a la leche, venderlo enlatado como la leche y ponerle una etiqueta que nos sugiera que es leche, no lo convierte en leche; tampoco un hombre que se mutila los genitales y se disfraza de mujer, es verdaderamente una mujer. Y hablo específicamente del caso del transexual conocido como Dayana Valenzuela, aspirante a Miss Perú, un concurso para mujeres.

Así como la leche, dentro de los diversos factores, tiene en la genética componentes esenciales, a partir de los cuales se desprenden características secundarias como el sabor, color o la textura; hombres y mujeres tenemos genomas diferentes, de los cuales se desprenden características propias de cada sexo, desde lo aparente, como la contextura anatómica, hasta la interacción del sistema nervioso con el sistema endocrino. Estas cosas son hechos comprobados, no interpretaciones ideológicas. Pero convenientemente para el pensamiento postmoderno, esto no es determinante, porque hay personas que basándose en los sentimientos, discrepan, y eso es suficiente para otorgarle validez a su visión subjetiva de la sexualidad y la anatomía, aún si eso implica, rechazar el sentido común y negar los hechos.

La última lección con la que termino esta reflexión es que, sabiendo que existe la verdad y la certeza, entonces tengo derecho a sostener que el hombre tiene un valor intrínseco, y que no puede ser tratado como un medio, sino que cada hombre es un fin en sí mismo.

Tal vez no todos entendemos esto como lo estoy planteando, pero en la práctica, coincidimos que lo que hacen estos productores que engañan a los consumidores, es condenable, no sólo porque faltan a la verdad, sino porque al lucrar a través del engaño en perjuicio de los consumidores, nos utilizan como una herramienta de realización de sus proyecciones económicas. Tratar al hombre como un medio o una herramienta que pueda usar o descartar para mis propios fines, es ir en contra de la dignidad humana.

Lamentablemente, aunque podemos estar de acuerdo en esto, el mundo de hoy, contradictoriamente alienta la exaltación de los placeres, la satisfacción de los deseos por encima de todas las cosas, el consumismo, el individualismo, y muchas veces, para vivir conformados a lo que dicta el mundo y el sistema, hace falta olvidarse de la dignidad del hombre y utilizar a nuestro prójimo como instrumento que nos ayude a alcanzar una supuesta “felicidad”.

Vivimos en un mundo que se desmorona culturalmente, que viene siendo dirigido por sistemas de pensamiento en los que no podemos tener certeza de nada, donde todo se vale, no hay bueno ni malo. Ahora el sentido común es, de a pocos, desterrado, se prefiere tratar con dignidad a un animal antes que a un humano.

Bajo la bandera de la lucha contra el “fraude, el abuso y la injusticia” se trata absurdamente de imponer una visión decadente del mundo, dejando de la lado nuestro innato anhelo por encontrar la verdad, la belleza y el bien. Al renunciar a la certeza, renunciamos a un futuro digno e incluso a nuestra propia naturaleza. Los relativistas no entienden que no se puede luchar contra la injusticia, si no se defiende al mismo tiempo la verdad. He ahí la contradicción de su discurso.

Si renunciamos a la verdad, al sentido común y a nuestra dignidad constantemente y a sabiendas, ¿cómo podremos rechazar al unísono y con justa razón que nos vendan gato por liebre? Lamentablemente, hemos caído en el relativismo y eso está mal. Esa es la pura verdad.

Artículo escrito por Josué Daniel Arhuiri Cateriano, músico y artista profesional, activista y Vicepresidente del Centro para el Desarrollo Familiar “Oasis de Paz”.