OPINIÓN. Renovar la clase política (Por Johan Cano Valencia)

0
163

En los últimos días, el ambiente político ha estado más que revuelto. Las nuevas declaraciones de los funcionarios de Odebrecht que vinculan a más personalidades de la política peruana en actos de corrupción nuevamente han encendido las alarmas. Esta vez la novedad son las acusaciones a la exalcaldesa de Lima, Susana Villarán, y al exministro de Defensa de PPK, Mariano González.

Al parecer, Villarán habría recibido dinero para la campaña en contra de la revocatoria, que habría sido financiada por la empresa brasileña. En el caso de González, la cosa es aún más peligrosa, pues se lo acusa de haber cobrado dinero por un falsa consultoría a Odebrecht y luego haberlo depositado en la campaña de Kuczynski. Más  sospechas de corrupción al rededor de nuestro actual presidente (recuérdese que también se cree que habría recibido dinero durante el gobierno de Toledo).

La pradera está incendiada y ya casi no queda nada de esperanza en nuestra clase política. Por un lado, tenemos al partido naranja que, herederos de Alberto Fujimori, están vinculados a autoritarismo dictatorial y al populismo que busca ganar elecciones a punta de táperes con dinero. Y por el otro, al resto de partidos “independientes” que también están acusados de corrupción: nacionalismo, aprismo, etc.

Con prácticamente tres años para llegar a nuestro bicentenario, las posibles opciones para candidatos presidenciales son cada vez peores. Frente a esta podredumbre política se necesita urgente una renovación. Los jóvenes deberían ser la respuesta, ellos tendrían que tomar acción y convertirse en un nuevo movimiento político que refresque y adecente un poco nuestro panorama actual. Sin embargo, mientras que ellos sigan alejados y desentendidos de sus responsabilidades, a nuestro país no le queda más que la catástrofe.

Ya la elección pasada demostró que solo les hace falta un caudillo. Cuando en los últimos comicios Julio Guzmán representó el viraje hacia la juventud, sus números subieron en las encuestas. Al punto  que la única forma de ganarle fue retirándolo de la contienda. No sorprendería que para la siguiente elección el partido morado vuelva a mostrar protagonismo.

Lo peligroso de esta situación es que los jóvenes podrían ser utilizados como un trampolín político. Ojalá escojan bien a su próximo caudillo y por fin se logre la renovación que el Perú necesita. Mientras tanto, desde aquí encendemos las alarmas. Lo que siga en los próximos años, en especial en la siguiente elección, será decisivo para la historia de nuestro país. Otra vez tenemos una época de bonanza económica, desaprovecharla por malas decisiones políticas, sería lo peor que nos podría pasar.