OPINIÓN. Problemas eclesiásticos (Por Fernando Taco Mendoza)

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La curia local ha abandonado la paz y han entrado en guerra dos bandos. De un lado tenemos al Arzobispado de Lima liderado por Juan Luis Cipriani, el cardenal, el sacerdote, el retrógrado, el homofóbico, el egocéntrico, y del otro lado tenemos a la Conferencia Episcopal, o lo que es lo mismo, toditos los obispos del Perú liderados por un miembro menos “figureti” de la iglesia, monseñor Salvador Piñeiro.

El conflicto se inició en enero pasado. Empezaba a correr el rumor de que el Papa tenía en mente iniciar el 2018 recorriendo algún país de Latinoamérica. Fue entonces que los máximos representantes católicos de cada país enviaron  cartas al Vaticano ofreciendo sus servicios como anfitriones. Francisco recibió de nuestra patria dos invitaciones, una de Piñeiro y otra de Cipriani. Este último no dudó en viajar a Roma varias veces para ganar la competencia iniciada con su adversario, Salvador.

El 19 de mayo en la cuenta de Twitter del Arzobispado de Lima se publicó un video en el que aparecía Cipriani, desde Roma, dando la primicia: el Papa llegaría a Perú. “No ha marcado ni lugares ni fechas, pero de que viene, viene”.

Sin embargo, el anuncio oficial de la llegada de Francisco se hizo el 19 de junio en el auditorio central de la Conferencia Episcopal. En el lugar estuvo presente el presidente Kuczynski y Cipriani, pero no Piñeiro.

La situación no tardó en tornarse más turbia y la pelea más notoria. Cipriani y su ego contra el resto del mundo. Cipriani, a pesar de no ser encargado de nada en este evento, nombra a su amigo del Opus Dei, Luis Gaspar, “director ejecutivo de la visita del Papa”. La Conferencia Episcopal respondió nombrando a monseñor Norberto Strotmann coordinador oficial de la visita de Francisco.

Como resultado de la pelea tenemos al momento dos páginas web “oficiales” de la llegada del Papa, una creada por el Arzobispado de Lima y otra por la Conferencia Episcopal; existen dos organizadores “oficiales” del evento, uno nombrado por el Arzobispado de Lima y otro por la Conferencia Episcopal. Esto ha dejado de ser un acontecimiento religioso para convertirse en una batalla de poder, de protagonismo.

De lo que no cabe duda es que el Papa Francisco no  tiene ni idea del caos que ha desatado su llegada al país. Más vale resolver pronto las disputas internas antes de darle la bienvenida. Una vez más queda al descubierto que en el Perú el conflicto irracional por el poder es una de nuestros más grandes problemas.