OPINIÓN. Políticas migratorias (Por Johan Cano Valencia)

0
883

Hace unos días, en las redes sociales, empezaron a circular algunos videos en los que se cuestionaba la conducta de los venezolanos en el Perú. En las imágenes grabadas con un celular, se acusaba a los visitantes de irrespetuosos, prepotentes y malcriados. Las reacciones no se hicieron esperar y muchos peruanos empezaron a manifestar sus críticas y malestar al respecto.

Y es que, tarde o temprano, esto tenía que suceder. Nuestras políticas migratorias son casi nulas. En nuestra patria, dejamos entrar al país a quien sea. Nunca habíamos tenido la necesidad de tener un control migratorio más ordenado, porque nunca tuvimos tamaña ola de migrantes llegados al Perú de otros lugares. Lo que está sucediendo en los últimos meses, para nosotros, es extraño. No es necesario ser un iluminado para notar la llegada de gran cantidad de venezolanos a nuestro país.

Por otro lado, si bien es cierto que las cosas en Venezuela andan bastante mal, no es razón suficiente para que, en un loable acto de solidaridad, dejemos pasar a cualquiera. Como en cualquier país del mundo, en Venezuela hay ciudadanos buenos y amables, pero también los hay violentos y problemáticos. Que no hagamos el mínimo esfuerzo por hacer un distingo entre ellos, nos puede traer bastantes complicaciones. Suficiente tenemos con nuestra propia delincuencia para albergar a criminalidad de otro país.

No se trata de un discurso xenofóbico que pretende actuar con egoísmo, sino de una alerta para prestarle más atención a nuestro país y a sus intereses. Los hermanos recién llegados de la República Bolivariana están llegando a nuestro al Perú de cualquier forma y están actuando al margen de la ley. Son muy pocos los que se esfuerzan por pagar sus tributos y por tener una economía formal. La gran mayoría se dedica al comercio ambulatorio o tiene trabajos que no pagan impuestos.

De por sí, la informalidad en el Perú ya es bastante grande como para continuar acrecentándola. Lo peor de todo es que durante años hemos  perseguido el mercado informal, hemos acosado a los ambulantes nacionales, tratando de erradicarlo, y ahora resulta que, como los venezolanos están en ruinas, debemos hacer de la vista gorda y permitirla. No hay una coherencia en nuestros actos. Es lógico que haya descontento.

Si no reaccionamos y tratamos de establecer reglas claras de juego, pronto los problemas al respecto serán mayores. Establezcamos estrategias claras para que la migración pueda impulsar el mercado formal. Implementemos políticas migratorias que garanticen una conducta adecuada. A poner las cosas en orden.