OPINIÓN. Phillip Butters: El líder de opinión racista (Por Gabriela Solorio)

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Phillip Butters es uno de los nombres que más eco produce en las redes sociales por la continua palabrería insensata que suelta en espacios que, con la ambición de ganar dinero y público, se prestan para que este personaje exprese su posición racista y discriminatoria.

La última vez se refirió al jugador de fútbol ecuatoriano Felipe Caicedo como si fuese un animal: “Ustedes le hacen una prueba de ADN a Caicedo y no es humano, es un mono, un gorila.” Posteriormente, ante el pedido de Martha Moyano, líder fujimorista, para que se retracte, respondió: “No ha sido un exabrupto, eso es algo que hablamos de manera coloquial. Es simplemente oportunismo. Todo el mundo en el fútbol habla así.”

Al calificar como animal a una persona afrodescendiente, y peor aún, al negar la ofensa, justificando su insensatez como una palomillada más del fútbol, una broma futbolista, da cuenta de que uno de los recursos empleados por el racismo, el de relacionar una raza subalterna con lo no humano, persiste desde la colonia hasta nuestros días. Me explico, cuando Cristóbal Colón llega a América y observa por primera vez a los pobladores nativos, no se pregunta ¿quiénes son? sino ¿qué son? Entra en debate si es que aquellos seres desconocidos (nuestros antepasados) eran humanos o no. Y si no eran humanos ¿eran animales? Pero, definitivamente, no eran iguales a los europeos, porque luego se cuestionó si tendrían alma. A partir de ese momento queda inscrita la desigualdad, se instaura el concepto de raza y se justifica uno de los más grandes genocidios de la historia: el de la colonia. La esclavitud, en la época colonial, se excusó con la idea de raza. Los “negros” y los “indios” fueron considerados más cercanos a lo animal, a lo natural, y por lo tanto destinados “naturalmente” a los trabajos más duros. En pocas palabras, se naturalizó su esclavitud.

La idea de raza, según Aníbal Quijano, sociólogo y periodista peruano, fue la primera forma global de dominación social, impuesta profunda y perdurablemente en la intersubjetividad de la población mundial. La idea de raza como habíamos mencionado surge durante la colonia, por lo tanto, en beneficio de los dominadores (raza europea). Hubo la necesidad de justificar la colonia a través de la misión religiosa-civilizatoria y la superioridad natural de los europeos. Se utilizó, entonces, la idea de raza como fundamento de clasificación social de la especie, se la impuso en las historias de las culturas, y se la erigió como una “verdad”.

Ahora bien, cuando Quijano menciona que se impone perdurablemente en la intersubjetividad, se refiere a que la idea de raza europea como raza superior, se impone en la capa más profunda de nuestra subjetividad, es decir, en la memoria, en la imaginación, en el conocimiento, en la forma cómo percibimos y cómo nos relacionamos con los demás. Por ejemplo, en la catedral de Cuzco, además de estar abarrotada de imágenes que sugieren a la raza europea como la raza elegida por Dios, podemos ver que en la famosa obra de Marcos Zapata, La Ultima Cena, el único personaje de piel oscura es Judas. Se trata de una asociación simple entre lo blanco con lo bueno, y lo negro con lo malo. Que vinculemos en la actualidad, lo blanco con lo bueno, lo limpio, lo mejor, lo civilizado. Y, por contraparte, lo oscuro con lo malo, lo sucio, lo abyecto, lo bárbaro y lo animal, es una de las formas a través de las cuales, la idea de raza atraviesa nuestra subjetividad desde la época colonial.

Cuando era niña, recuerdo que jugaba con mis compañeras de clase en la puerta de la escuela a darnos pellizcos en los brazos cada vez que veíamos a una persona afrodescendiente, y mientras gritábamos entre risas “negrito pa ti, la suerte pa mí”. Si analizamos esta oración, nos damos cuenta  que es una forma de reproducir el prejuicio que asocia la piel oscura con la mala suerte, con la maldad. El lenguaje es un medio a través del cual se reproducen los estereotipos racistas. El lenguaje revela. El racismo no puede explicarse por la ignorancia o falta de desarrollo científico, sino que es un eje alrededor del cual emergió nuestra forma de pensamiento, comportamientos, nuestras subjetividades, etc. que reproducen constantemente los mecanismos de categorización y de exclusión para ejercer el poder sobre sectores subalternos. La idea de raza atraviesa todo nuestro medio social, desde las apreciaciones de belleza más difundidas en las publicidades, en las relaciones amorosas, en las amistades, hasta en las formas de inserción en el mercado laboral, en beneficios de unos y detrimento de otros.

Considero que percatarse y denunciar que la palomillada de Phillip Butters es una forma de reproducir y de normalizar un discurso racista,  es un paso para poder erradicar la misma idea de raza, uno de los principales impedimentos de que alcancemos una democracia basada en la libertad y en la autonomía de los individuos. Y solo así, podremos ser un país mejor.

Escrito por Gabriela Solorio Naiza. Estudió medicina y literatura en la UNSA. Ha colaborado en revistas literarias y en diversos medios de difusión cultural virtual.