OPINIÓN. Perder por goleada (Por Johan Cano Valencia)

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A pocos días de los últimos encuentros de la selección peruana, por las eliminatorias al mundial de Rusia 2018, el fervor se desata en las calles y el optimismo vuelve a sentirse. En esta ocasión, estamos más cerca que nunca de llegar al mundial de fútbol y la emoción nos posee al punto de que incluso nos olvidamos del resto de cosas.

Y es que si dejamos el fútbol por unos instantes y vemos en retrospectiva lo que hemos conseguido como país en los últimos 32 años (los mismos que no vamos al mundial), nos daremos cuenta de que la situación no está del todo bien.

Si bien es cierto que tuvimos un crecimiento a causa de la minería, hemos retrocedido en muchos aspectos y en muchos otros, simplemente, nos hemos estancado. El sistema de salud en nuestro país está cada vez más colapsado; la educación se dejó en manos del sector privado y con esto se ampliaron más las brechas sociales; la inseguridad se ha disparado, al punto que ahora robos y asesinatos son el pan de cada día; y, para terminar, la corrupción se ha magnificado tanto que somos el único país que tiene tantos expresidentes vinculados a escándalos por robos al Estado.

Lo peor de todo es que nuestra clase política, lejos de ir mejorando, cada día ha ido en desmedro. En un panorama político en el que los intereses personales están por sobre los del pueblo, cuesta creer que para nuestro país haya una salida a la brevedad. Por el contrario, el Perú pasa un periodo de gran fragilidad, en el que cualquier mala decisión puede terminar condenándonos nuevamente al fracaso.

La suerte nos ha sonreído otra vez y la naturaleza, fuente tan magnánima, nos ha permitido nuevamente tener una época de bonanza. Solo falta que no cometamos los mismos errores del pasado, no desaprovechemos esta oportunidad y utilicemos sabiamente lo ganado en los últimos años para hacer progresar nuestra patria y así podamos cambiar la historia de nuestro país para bien.

Si lo vemos de la misma forma que el fútbol, y nos comparamos con los otros países como Argentina o Chile, veremos que nos hemos quedado relegados, que estamos perdiendo la carrera y que hacen falta cambios sustanciales para estar a la altura y, al menos, no perder por goleada. No vaya a ser que nos pase lo mismo que en el fútbol y que, justo cuando estamos a punto de lograr el objetivo tan anhelado, terminemos derrotados.