OPINIÓN. Padres abortados Por Sarko Medina Hinojosa

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Empezamos el mes del Padre con una situación invisible para muchos pero que es cotidiana. Y es que hay una nueva forma de ver a los varones: como meros machistas que no valen por lo que son, sino por lo que hacen y proyectan a la sociedad: meras máquinas de deseo sexual que sacian sus hambres milenarias en cualquier lugar. Exagero de repente, o de repente nada de eso.

Nuestra sociedad hace culto del varón musculoso, pero no del padre. Hace apología del exitoso con dinero, pero no del abnegado gordito que llega tarde pero aún tiene ganas de jugar con sus hijos. Hacen reverencias a los que tienen muchas mujeres y les disculpan sus azahares sacavuelteros. Nadie pregunta por ese que se hizo de hijos ajenos y los cría mejor que suyos.

A los padres se les aborta cada día de sus responsabilidades. Compruébenlo en la legislación. No se te da permiso para asistir a tu esposa en el embarazo, debes seguir laborando o pedir permiso súper especial. Para cuando se enferma el niño tienes que lo mismo, casi suplicar para que te permitan salir y llevarlo al doctor. Estoy hablando en general, hay trabajos donde tienen responsabilidad social para estos temas y permiten la salida de los progenitores. Otros te aconsejan que la madre se encargue.

Sociedad extraña que se queja de la falta de valores cuando promueve que los varones se desdigan de su condición y se conviertan en peores que animales, abandonando a sus hijos a su suerte, mientras que por alguna extraña razón se desprecia al padre que intenta hacerse cargo de su responsabilidad (en la actualidad se considera extraño al papá tipo familiar). Se le desprecia, sí, porque se le considera débil, pisado, sacolargo. Se le admira en lo interno pero se le cuestiona en lo externo, buscando alguna debilidad para decir: “Ves, es igual que todos”.

En las visitas al médico con el hijo a quienes hablan los galenos es a las madres. En el colegio no se les explica nada si no es a las madres. En la vida diaria su opinión vale menos que nada porque se les mete la idea a los hijos que algún día ese hombre fallará y podrán tener la excusa para hacer lo que se quiera. Exageramos en algo, de repente no se viva eso en su hogar. Pues siéntase alegre y agradecido también, en miles de hogares la figura paterna es sinónimo de abandono.

No permitamos que nos aborten como padres, que se nos saque de en medio. A veces retirarse temprano de una reunión porque hay hijos en casa que esperan no es signo de debilidad, el ya no irse de pichangas de sábado a domingo no es signo de poca hombría, el no hablar con los hombres en círculos privados de conquistas sexuales no es un cambio de preferencias. El encontrarse con la misión de padre y saber sacrificarse por ella no es cuestión de obligación, es un sentido natural de trascendencia que nos hace mejores como personas.

No más facilismos para aquellos que no tienen el valor de afrontar su condición de padres. Un padre no puede desligarse de su paternidad aún por cuanto la ley te ampare, eso es ley natural, que se lleva como una marca indeleble en el corazón. Aquellos que renuncian por voluntad propia a ese regalo sufren consecuencias duras, porque la vida es la vida y da muchas vueltas y a la vejez se intenta, con desesperación, recuperar un cariño que nunca se ofreció y la soledad duele en el alma para un padre que renunció a serlo y dejó en manos de esta sociedad consumista que lo aborten como tal.

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