OPINIÓN. Nuestra moral es permisiva (Por Adán Monrroy Rodríguez)

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Imagen tomada de internet

Como que nos estamos acostumbrando a observar que las más nobles virtudes como la lealtad a un compromiso y la fidelidad al sentimiento de uno mismo y del otro, no tienen valor ni pesan más para muchos jóvenes y adultos en nuestra sociedad actual. No es que no haya existido infidelidad o deslealtad en la historia, lo que pasa es que conforme hemos ido transformando nuestro mundo, y son más grandes y sofisticadas las cosas, es más fácil de conseguir riqueza o poder y más rápido de conseguir placer. Ahora es difícil encontrar un sentimiento sincero de alguien y la lealtad y la fidelidad están rodeadas y rebajadas por un vil interés, por conveniencia  o hipocresía, sin tomar en cuenta el valor moral y humano que representan.

En nuestra sociedad, están casi extintas estas ideas. Los núcleos vitales, las buenas relaciones humanas y el orden socio-cultural que se supone deberían hacer crecer la confianza y la integridad como algo común, no lo hacen. Por el contrario, los conceptos que ahora se imparten están reflejados en que expresiones lamentables como “eso no existe”, “eso es para los tontos”, “más vale maña que otra cosa”, “todos los varones son así”, “todas las mujeres son así”, “hay que aprovechar de las circunstancias”.

Lo que no nos damos es cuenta es que todas estas expresiones a su vez,  guardan una relación entre sí. No se refieren únicamente al simple hecho de una  infidelidad (en el aspecto marital-sexual), sino que implica mucho más en nuestra vida social y que trae una serie de consecuencias en todas nuestras relaciones ya sean familiares, maritales y de trabajo. No se entiende que todo comportamiento que tiene una raíz, pero también provoca muchas reacciones.

¿Qué paso con nuestra capacidad de grandeza?, ¿qué fue de nuestra nobleza que lograba valorar la lealtad y la fidelidad? No es difícil tampoco responder a estas cuestiones, si buscamos nosotros mismos y en lo que los demás observan de ti. Y es que las razones que originan esta crisis están en la educación. Desde la familia hasta la misma sociedad, dirigida por una línea política, no se encuentran acciones que ayuden a cuidar, fortalecer y valorar las ideas de lealtad y fidelidad. Ahora, se prescinde de ellas.

No se trata de moralismo, sino de darnos cuenta de que todo ser humano infiel o desleal ha convivido con una educación que lo ha influenciado y que lo han llevado, en estos tiempos, a un terrible relativismo y a una drástica permisividad. Si seguimos así, las nuevas generaciones tendrán esta tendencia y cuando se les haga ver la carencia de estas virtudes, buscarán victimizarse o utilizarán la violencia como una respuesta. Todo por la cobardía de no aceptar  que negamos el bien, la bondad y lejos de aceptarlo, buscamos como defensa  la mentira, la soberbia o el orgullo.

Un hombre o mujer infiel o desleal no aceptan ayuda, se refugian casi siempre en excusas, hacen de su historia un “infortunio” y se justifican con la idea de que “la vida es así y hay que saberla vivir”. Con esta actitud, solo agravan si situación y generan más consecuencias funestas, pues hacen que esto influya en cada atmosfera de su vida. Así la infidelidad en el matrimonio, afecta al trabajo, a sus relaciones amicales, y a la vida de familia. Negar un “bien” incurre, tácitamente, en aceptar un “mal” y convivir con él.

Frente a esta tendencia liberal y relativista que estamos viviendo, es necesario que hagamos  esfuerzos para luchar en contra de este tipo de pensamientos. Es nuestro deber que no sigan creciendo estas ideas.  Es necesario que hagamos cambios, que eliminemos esta “moral permisiva” que afecta a nuestra sociedad peruana, que denunciemos la educación tendenciosa que se ha apartado de los valores. Y que luchemos contra todo aquello que nuestras mismas autoridades permiten bajo la bandera del entretenimiento que, lejos de  educar, no ayudan a enraizar virtudes en los pequeños.

Seamos conscientes de cómo manipulan la información, de los contenidos deshonrosos. Del falso embeleso que producen los medios de comunicación, que tanto daño han causado en nuestras nuevas familias peruanas, en las empresas, y en las relaciones mismas. Todo por avalar una moral permisiva que, lejos de ser moral, fomenta acomodarse, y aceptar solo lo que nos conviene y cuando lo necesitamos.

Cuando menospreciamos o ridiculizamos todo lo que es bueno, permitimos que el mal crezca en nuestros hijos, Les estamos imponemos a convivir con ello. Todo por no tener el valor de decir o hacer lo contrario y enfrentar esas ideas con buenos ejemplos. Estas virtudes (la lealtad y la fidelidad) no se deben perder. Ser fiel o leal es cuestión de un solo género, el humano, y nunca han estado lejos de nuestro alcance. No se trata de un sacrificio por alguien o algo, en sí es por honor a uno mismo, y esta manera de pensar y actuar solo la lograremos con una educación en virtudes. Al final, el mal triunfa porque las personas buenas lo permitimos.

Artículo escrito por Adán Antonio Monrroy Rodríguez, arequipeño, 37 años, Teólogo y Filósofo (UCSM), docente y asesor en familia y matrimonio.