OPINIÓN. Maestros del pueblo (Por Adriana Flores)

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Mis padres tuvieron simpatía por la educación estatal y se lo agradezco. Mi primer año de educación fue en Lima, un jardín bien amueblado, amplio y con diversos juegos. Mi tío me compró todos los útiles y una hermosa lonchera; sin embargo, mi temor a los payasos fue más, los recuerdos infantiles son borrosos, pero me acuerdo que me escondí en el baño en mi primer día de clases porque había un payaso en el jardín. Al día siguiente, simplemente no quería ir, estuve todo un año en vagancia infantil. Mientras mis hermanas y mis primos iban al cole, yo estaba aburrida subiendo y bajando gradas en casa. Ya en Arequipa mi mamá me matriculó en un jardín inicial estatal, no tenía escapatoria.

El jardín N⁰ 70 de mi barrio tenía un patio de tierra y en la parte del fondo había escombros. Los juegos solo eran un resbalón y una agarradera. La profesora Zaida dejó una marca, me enseñó a leer y a escribir. En la escuela primaria N⁰ 40199 conocí a dos profesores, Daniel e Irma. Daniel fue paciente, aún recuerdo la vez en que conversamos sobre el presidente Paniagua. Con Irma pasé 4 años seguidos en los que aprendí mucho, sobre todo a quererla. En la secundaria me cambiaron a un colegio en Bustamante, al Inmaculada Concepción, no era una excelente alumna, pero descubrí que era buena escribiendo y organizando periódicos murales gracias a la profesora Roxana. La maestra Lucila abrió mis ojos al pedirnos que miremos noticias y hagamos un análisis de los reportajes que más nos interesaban. La profesora Viviana fue la mejor maestra de artes que tuve, antes de ella mis libros de arte eran páginas en blanco, me apasioné por el dibujo y por armar collage. Y Efraín Farfán, mi profe de literatura que narraba con pasión novelas y cuentos, me hizo descubrir que quería hacer lo mismo. Todos ellos marcaron el paso de mi educación estatal.
Pienso en ellos en estas semanas de lucha, de etiquetas mal intencionadas y de maltratos a los maestros, a pesar de que entregan más que simples conocimientos a sus alumnos. El gobierno de PPK se jacta de ser democrático, se queja del trato que da Maduro a la gran cantidad de venezolanos que están contra él, cuando nuestro presidente hace lo mismo con los profesores. Los calificativos promovidos desde el gobierno y por los medios de prensa son indignantes. Senderistas los llaman; Patria Roja, Puka Llapta, les dicen. Yo me pregunto si puede ser posible que los miles de maestros que han salido a las calles en reclamo justo caben dentro de esos términos. Yo me pregunto si reclamar un salario justo es suficiente para que digan que los maestros promueven o pertenecen a grupos extremistas.

De todos los maestros que tuve en la vida ninguno promovió en clase a esas ideologías. Eso sí, siempre tuvieron que soportar los malos tratos tanto en la educación estatal como en la particular. La profesión de profesor es minimizada sin entender que es una labor que forma a los ciudadanos. Y no quisiera decir esto, pero esa actitud es también efecto de un discriminación contra una clase social, contra el pueblo. La mayoría de profesores y la mayoría de dirigentes de los maestros no son, pues, de clase media, no son pues de largos y rimbombantes apellidos de bancarios o de dueños de mina. El desprestigio y la discriminación contra los maestros son el desprestigio y la discriminación contra la clase popular, contra lo que somos la mayoría.

Escrito por Adriana Flores Ramos, 24 años, estudió Literatura y Lingüística en la Unsa. En el 2013 ganó los Juegos Florales Aletheya categoría Cuento Infantil César Vega.