OPINIÓN. La drogadicción en escolares peruanos (Por Josué Arhuiri)

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Esta semana, la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA), presentó un estudio con cifras alarmantes respecto al uso de dichas sustancias en escolares peruanos: unos 47.000 estudiantes consumen marihuana, 20.000 cocaína y 200.000 bebidas alcohólicas con regularidad. Por si fuera poco, la edad de inicio en el consumo disminuyó de los 15 a los 13 años.

Naturalmente, surgen preguntas sobre las causas del problema y sus posibles soluciones. Se ha abordado el asunto desde el punto de vista socioeconómico y político, proponiendo diversas soluciones, por ejemplo: proporcionar oportunidades académicas y laborales a los jóvenes que únicamente se dedican a consumir drogas, mantenerlos ocupados con deportes que los apasionen, o, disminuir la edad de consumo para la imputabilidad de los delitos.

Sin embargo, es curioso, nunca he oído sobre algún programa social que esté orientado a tratar con la familia de los jóvenes con el fin de prevenir que los chicos caigan en manos de la droga y el vicio. ¿Por qué tratar con el entorno familiar?, porque la mayoría de estos muchachos tienen hogares violentos, padres ausentes, sufren de abandono emocional o reciben constantemente mensajes de desinterés y minusvalía, lo que los hace vulnerables al momento de enfrentar situaciones de estrés y conflicto.

Después de todo, ya para nadie es extraño que muchos escolares lleguen de la escuela a una casa fría e indiferente y tengan que esperar horas para intentar crear o reforzar lazos con sus padres. En este tipo de ambiente, los lazos emocionales son endebles y se percibe el abandono que a largo plazo puede tener consecuencias negativas.

Es incuestionable, todos tenemos necesidades emocionales que necesitan ser suplidas, y en una etapa tan importante como la adolescencia, en donde se puede dar una suerte de desidealización del padre y de la madre, los chicos necesitan protección y fortaleza en líderes o ídolos que satisfagan estas necesidades. Es por que buscan pertenecer a grupos de amigos. Y aunque estos grupos no representan en sí mismos un problema, es posible que nuestros hijos estén expuestos al consumo de alcohol y drogas, dependiendo de las características y códigos de sus círculos sociales.

En este contexto, la necesidad de aceptación que no es suplida en casa de manera apropiada, puede representar un riesgo a la hora de que nuestros hijos tengan que aceptar o rechazar determinadas sustancias. Muchas veces, los adolescentes por no perder la aprobación del círculo social, pueden acceder a beber alcohol o probar drogas.

Hace unos meses, los padres de familia salíamos a marchar contra la imposición de la ideología de género en los colegios del Perú, reclamando al unísono: “Con mis hijos no te metas”. Yo les pregunto hoy: ¿Ustedes ya se metieron con sus hijos?, ¿ya se involucraron en formar a la próxima generación de peruanos? No se trata de decir solamente “con mis hijos no te metas” y abandonarlos emocionalmente sin inculcarles valores. Estamos hablando del futuro del país y está en nuestras manos, padres de familia, hacer que las estadísticas de DEVIDA nos den buenas noticias en el futuro.

 

Artículo escrito por Josué Daniel Arhuiri Cateriano, músico artista profesional, activista y vice presidente del Centro Para el Desarrollo Familiar Oasis de Paz.