OPINIÓN. La corrupción empieza por casa (Por Josué Daniel Arhuiri Cateriano)

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Durante la semana trascendieron dos noticias que me provocaron náuseas y me empujaron a escribir esta columna. La primera: La Corte Suprema emitió un fallo a favor de Alejandro Toledo en el caso de la empresa brasileña. La segunda: “El congreso está usurpando las funciones de la fiscalía”, según las propias palabras de nuestra ex presidenta Nadine Heredia.
De manera que, no solo es indignante, sino hasta grosero y morboso, el desparpajo y la frescura con la que nuestra clase política se conduce. Un claro ejemplo es el destape de Odecrecht (que tiene involucrados a Toledo y Heredia, entre otros), que solo ha servido para que muchos peruanos reafirmen una idea que desde hace tiempo está enfermando nuestra sociedad: La corrupción es un mal necesario. ¿Qué otra lección nos deja? Que los peces gordos son los últimos en caer, o aún peor, que tal vez nunca caigan. Después de todo, en la última semana, salió en libertad, luego de casi dos meses en Piedras Gordas, el renacuajo de Félix Moreno, un peón más en el tablero. Impunidad a diestra y siniestra.
Es por eso que me, niego rotundamente a creer que la putrefacción en nuestro sistema sea, dentro de todo, algo bueno. Es escupir al cielo. Nos estamos echando tierra a los ojos. Estamos condenando a nuestra sociedad a la destrucción. Y a futuras generaciones a un sistema de valores basado en la mentira, el engaño, el abuso y la injusticia.
Después de todo, gente como Toledo, Alan García, Ollanta Humala, etc., no la hemos importado de otros países, ni llegaron de otro planeta. Crecieron y se criaron a lado de nuestros padres. En el barrio donde vivimos tú y yo. Son personas que le dan hoy a la sociedad los códigos de ética y valor que percibieron cuando eran niños y jóvenes. Entonces, surge la pregunta: ¿Qué códigos le estoy dando hoy a mis hijos? ¿Qué van a aportar como ciudadanos en el futuro? ¿Qué quiero para futuras generaciones y la sociedad de mañana?
Estoy seguro que nadie en su sano juicio desearía que su hijo sea deshonesto y mentiroso, alguien que se beneficia a costa del bienestar de los demás. Sin embargo, somos nosotros los primeros en poner en práctica la “cultura chicha”. No nos quejamos si es que algo que perjudica a otros nos beneficia. Nos hacemos los “vivos”, los “moscas”.
Por ello, es claro que en los tiempos que corren, nuestro país vive una seria crisis de valores, donde a los que aún van a la escuela ya no se les habla de la importancia en la práctica de la nobleza, la gentileza, la honestidad, el respeto, la dignidad y demás valores. Por el contrario, muchas veces, los alentamos a buscar el beneficio propio a costa de los demás, o en desmedro de la verdad.
Es por eso que, así como me niego a creer que la corrupción es un mal necesario, también me resisto a la idea de que todo está perdido, que es mejor darse por vencido, que es mejor seguir a la corriente. Aún estamos a tiempo. Todavía podemos cambiar el rumbo del mañana si es que comenzamos a vivir con los valores que nuestra conciencia anhela, y de esa manera, nuestros hijos puedan recibir como herencia lo mejor de nosotros para que sea también lo mejor de ellos.

Artículo escrito por Josué Daniel Arhuiri Cateriano, músico artista profesional, activista y vice presidente del Centro Para el Desarrollo Familiar Oasis de Paz.