OPINIÓN. “Facebook no es una democracia” Por Sarko Medina Hinojosa

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Según sus propios datos la red social Facebook en octubre del 2014 llegó a los 1350 millones de usuarios, casi tantos como ciudadanos tiene China y más de los que tiene la India. Dos años después en enero de este año ya superó los 1.590 millones de usuarios. Y sigue creciendo.

Facebook no es una democracia, allí hay un dictador de apellido Zuckerberg que al final es quién decide porque rumbos lleva la red social líder en la actualidad. Él decidió cambiar los formatos de los muros las veces que quiso, cambió las reglas durante estos años para convertir a su creación en la mayor compilación virtual de datos seguros sobre el comportamiento general de las personas, desde sus hábitos de compra hasta psicológicos. Experimentó con esos datos también.

El 2012, con las ganas de poner en práctica alguna teoría psicológica sobre el impacto emocional que generan las redes sociales en sus usuarios, un grupo de ingenieros de Facebook no se les ocurrió mejor idea que analizar unos 689.000 perfiles a los cuales antes se les cambió la forma de ver las actualizaciones de sus amigos y contactos. Exacto: cuando se entra al muro general, uno ve las actualizaciones de sus amigos y de las páginas a las que ha dado “Me Gusta”. Pero a los mencionados usuarios, divididos en dos grupos generales, se les ajustó el algoritmo de visualización para que unos vieran noticias positivas, y los otros sólo actualizaciones negativas. Adivinen los resultados.

Este tipo de manipulación que puede parecer pueril se repite en la empresa de Silicon Valley con el fin de mejorar, según ellos, la “experiencia del usuario”, un tipo de licencia que permite a la empresa identificar los gustos de los usuarios y resaltar anuncios, avisos pagados o publicaciones que generen tendencias, puedan ser sobre actividades relacionadas a compras en su mayoría, es decir consumismo puro, todo es “money”.

Cada foto que subimos, cada comentario que hacemos en el muro de otra persona, lo que borramos, los mensajes por inbox, todo, es analizado, no demanda mucho, lo hacen bots que recopilan los datos y arrojan resultados para realizar los cambios adecuados. Los anuncios que se ven a la derecha, entre las actualizaciones de los amigos, etc., generan tráfico en las páginas de los que compran la publicidad en la Red Social.

Pero aún con todo no determinan el algoritmo perfecto para terminar de convertirnos en máquinas consumidoras. Recordemos que el primer cliente de las empresas y megacorporaciones son sus propios trabajadores. Ellos invierten en estudios que los ayuden a conseguir que compremos y sigamos comprando, adquieren a precio de ganga esa info a las mismas redes sociales y sus investigadores auspiciados por universidades. Le compran al mayoreo nuestras emociones a Facebook.

Ese video en Taiwan sobre ese padre abnegado que es descubierto por su pequeña hija trabajando de todo para darle una seguridad en la vida, ese otro video gracioso sobre magos urbanos jugando con el editor del video o esos “memes”, imágenes religiosas, artículos sobre dietas, todo es información que se viraliza y que se nos es presentada, creemos, de manera aleatoria, sin saber que entre estado y estado, se nos presenta esos zapatos que ¡oh sorpresa! necesitamos o sentimos necesitar, esa cámara fotográfica que deseamos tanto, u otras más sutiles como libros o artículos donde a un costado, como por magia, aparece ese link a una oferta de viaje que tanto queremos y que creímos imposible por los costos. Nada es fortuito, nada es el azar, no son tan obvios como para aburrirnos, pero lo hacen cada día. Compruébelo ahora, entre a su face, revise los avisos, los estados marcados con letras pequeñas diciendo “anuncio”, pero no se quede allí, compruebe cuantos amigos y más le han dado me gusta a tal tarjeta de crédito o cual seguro de vida o cual página de productos. Como diciendo “¡Ey! Ese amigo tuyo tan centrado, tan ahorrador confía en ese banco, ¿Por qué tú no?”

Somos cobayas de un experimento que no fue creado para eso, pero que, ya que se tiene la herramienta en la mano ¿Por qué no aprovecharlo? Al final todos gana: los que publican y ven premiada su interacción en la red social con varios “Me Gusta”, comentarios, respuestas a mensajes, información y demás satisfactores; y las empresas que financian el experimento. En sí ellos ganan más que otros. Porque tarde o temprano, terminamos siguiéndoles el juego y si no es comprando lo que venden en material, es consumiendo sus ideologías, sus maneras de pensar, sus formas de querer cambiar el mundo, destruyendo lo que tengan que destruir con el fin de que estés allí, dándole un click.

Por SARKO MEDINA

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