OPINIÓN. El propósito de las guerras (Por Urpi Jara Neira)

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(Imagen tomada de internet)

Aquellos que escuchan y leen noticias tal vez estén sometidos al estrés diario de ver cómo se va enfrentando el mundo. Las Coreas, Rusia, Estados Unidos, China, Inglaterra y algunos más están en constante enfrentamiento a raíz de los atentados, la movilización de armamento bélico y las tensas relaciones políticas. El mundo parece un caos cada vez que revisamos los noticieros o las redes sociales. Que si tal bomba o misil llegará a las costas de aquel país o que si destruirá la tercera parte de la humanidad. A estas alturas del partido, me pregunto si no es esto un psicosocial para mantenernos en tensión y vivir desenfrenadamente sin que nos importe la realidad mundial, porque al fin y al cabo huele mal.

Nadie quiere vivir pensando en el caos y menos después de conocer los interminables enfrentamientos que ha vivido la humanidad. Por ello, tratamos de imaginar súper héroes de toda clase y los mejores son los de ficción, lo cierto es que ellos solo pueden salvar nuestra mente, pero no nuestra realidad. Sin embargo, nos acercamos a ellos precisamente por eso, porque nos mantienen al margen de la realidad apabullante en la que vivimos sumergidos. Nos escapamos del mundo y nos metemos en sus películas que nos harán pensar momentáneamente que tenemos un salvador, aunque solo dure 140 minutos. Si algún día nuestras grandes potencias deciden iniciar una guerra de tamaña magnitud, espero que estén preparados para viajar a otro planeta o dispuestos a construir de nuevo la logística que tienen en tecnología, infraestructura y esclavos del sistema.

En el imaginario de la humanidad, lo más catastrófico fue la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Se han filmado diversas películas que relatan escabrosos sucesos (por ejemplos: La vida es bella, La lista de Schindler, El lector, El pianista, etc.). Estos filmes sin duda nos habrán puesto a pensar en el horror de la humanidad y lo díscolo que parece estar el mundo. Lo mismo sucede en la  literatura, nadie puede pasar por alto Los miserables de Victor Hugo, El tambor de hojalata de Günter Grass, y tampoco El pájaro pintado de Jerzy Kosinski.

Este último sin duda es uno de los más importantes. A pesar de ser un libro muy criticado en su natal Polinia, relata las desventuras de un niño que es encargado por sus padres a una mujer aldeana. Sin embargo, el rueda por todas las aldeas en las que siempre termina siendo un gitano agresor de Dios y digno de ser castigado por ser diferente al resto de su comunidad (rubios, ojos verdes). Después de tantas vicisitudes encarnadas en el maltrato y un odio incomprensible, aprende a defenderse, la ira y su cometa son los únicos aliados, porque después de tantas plegarias nunca gana una indulgencia, sino el horror de cada paliza y humillación. Al final de la guerra su familia lo encuentra, pero la vida apacible ya no concuasa con él, se ha convertido en un ser rebelde que no puede graduar la ofensa ni la violencia con la que responde a dicho agravio. Muchos quedan como él viviendo la guerra en las secuelas físicas y mentales que le han quedado.

Hay muchos escritores que han plasmado en sus novelas y relatos sobre las guerras que no han afectado, cuyo único saldo han sido millones de vidas pérdidas, pueblos destruidos y espíritus encadenados al horror. Es probable que en estos asuntos afloren nuestras pulsiones de muerte y que por eso los hombres quieran acabar con todos, que la compasión desaparezca de nuestros pensamientos y que simplemente debamos seguir en la locura que nos embarga al tomar un arma y atacar al débil (como los nazis hicieron con los judíos y hoy ellos hacen con los musulmanes).

Lo cierto es que si seguimos explorando, las guerras no solo traen muertos, heridos y violaciones de todo tipo. También, traen un gran movimiento económico que favorece a aquellos que surtirán armas, municiones y raciones de comida para el ejército. Puede que haya propósitos más nobles en una guerra, pero en todo caso esos propósitos no fueron los que la iniciaron.

 

Urpi Nelly Jara Neira

Arequipeña, 28 años, egresada de la Escuela de Literatura y lingüística, fue profesora en UTP. Actualmente estudia una Maestría en Análisis del Discurso.