OPINIÓN. El peligro de las redes sociales (Por Gabriela Solorio)

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Las redes sociales ya no poseen su finalidad inicial. Es decir, la de una herramienta que permita a los usuarios interactuar con sus amigos, con su entorno social inmediato. En este momento, permiten la comunicación con miles de personas, inclusive extraños. Nuestro círculo social se ha ampliado y hasta cierto punto, las relaciones sociales son más fáciles. El límite ya no es la localidad, el espacio que antes se erigía como un obstáculo para la comunicación. Esta es la época de la instantaneidad, tan sólo basta presionar una tecla para tener un amigo que se encuentra al otro lado del continente. Ya no se requiere hacer uso de las competencias sociales habituales para conocer a las personas.

En una reunión, por ejemplo, si uno desea entablar conversación con alguna persona desconocida, es necesario utilizar ciertos recursos sociales que demandan un esfuerzo. Si los vínculos humanos ya no son construidos con esfuerzo, entonces no tiene sentido desgastar energías o sufrir alguna incomodidad, así que cualquier mínimo desacuerdo es tomado como señal de irreparable incompatibilidad.

Está claro que los amigos son tantos en Facebook y las oportunidades de conocer personas son tantas que podemos descartarlas fácilmente. La posibilidad de encontrar una oportunidad mejor es implícita. Y con la misma facilidad con que hacemos “amigos”, los “eliminamos”.

Las redes sociales son causa y efecto de la precariedad de las condiciones sociales y económicas que vivimos en esta época. De la inmediatez y la demanda que nos lleva a percibir el mundo como un recipiente de objetos desechables, objetos para usar y tirar, objetos con fecha de vencimiento. ¿Para qué perder el tiempo en solucionar los problemas si podemos desechar a las personas que los originan de la misma forma como desechamos un producto que no nos satisface?

Después de todo, hemos visto que cualquier evento que ocurre en el mundo real, ya sea un tema político o algún acontecimiento que concierne a algún personaje del espectáculo, tiene rápidas implicancias en la red donde,  a gran velocidad, se teje un complejo entramado de opiniones que abarrotan la web. Las redes sociales se han convertido en un espacio donde la gente deposita sus puntos de vista sobre asuntos de interés público.

Quien tiene algo que decir, lo hará desde el sujeto virtual que lo representa, la personalidad virtual adquiere primacía. El individuo que emite su dictamen lo hace desde la seguridad de su hogar, desde su zona de confort. Lo hace detrás de esa identidad espontánea que se ha fabricado.  Esta posición de anonimato desde la que emite su enunciado, le permite deshacerse de cualquier responsabilidad o consecuencia que pueda desencadenar. Ello también lleva a un carácter cada vez menos reflexivo y hasta contradictorio de los enunciados que nos encontramos en las redes sociales.

El individuo, a través de su perfil, expresa sus preocupaciones de tal forma que colman el espacio, y expulsan todo aquello que corresponde al discurso público. Es decir, sus opiniones teñidas con sus preocupaciones y subjetividades, terminan expulsando del escenario el tema principal y que concierne al interés popular.

Debemos tomar en cuenta, además, que un enunciado en las redes sociales, desde que se emite ya se convierte en parte de la red y algo que lo caracteriza es su propiedad efímera, su poca estancia en el tiempo, su inmediatez y fecha de vencimiento. Sin embargo, es lamentable que las redes sociales se vean inundadas de opiniones más no de argumentos. Una cosa muy diferente es brindar un dictamen respecto a un tema de interés público, y otra es argumentar el por qué uno está o no de acuerdo con cierto asunto. Un debate es un paso para negociar el bien común.

Cada vez más caigo en la cuenta de que es necesario un marco que haga posible el diálogo, ya que, los que dialogan deben compartir el mismo idioma, deben operar normas de hospitalidad, de escucha. Cada vez más me doy cuenta que las redes sociales son más un recipiente de opiniones, posturas superficiales, elementales, combativas, que giran en torno a determinados personajes o situaciones muy concretas a fin de tomar partido. Debemos cambiar esto para que las redes sociales sean un lugar más profundo y reflexivo. Esperemos se haga pronto.

 

Escrito por Gabriela Solorio Naiza. Estudió medicina y literatura en la UNSA. Ha colaborado en revistas literarias y en diversos medios de difusión cultural virtual.