OPINIÓN. El feminismo y las falsas políticas de igualdad (Por Josué Arhuiri Cateriano)

0
352
Imagen tomada de internet.

Para muchos, el enfoque de igualdad de género puede ser un tema que ya pasó de moda, sobre todo en redes sociales. Los temas que han ocupado el lugar de la polémica por la ideología de género y el Currículo Nacional son muchos, desde el escándalo de Odebrecht, el indulto al señor Fujimori, pasando por Korina Rivadeneira, hasta la polémica por nuestro representativo aguardiente o destilado de uva (es que quiero que me lean en Chile).

Sin embargo, aunque el tema de igualdad de género o ideología de género, como le llamamos sus detractores, ha desaparecido de las redes, en el Congreso de la República, la actividad en torno a este tema ha marcado una agenda bastante agitada en las últimas semanas.

Para los que estamos al tanto de la polémica, sabemos que el principal impulsor y difusor del enfoque de igualdad de género es el feminismo. Aquí en el Perú, tenemos varias ONG’s que se dedican no sólo a promover una agenda feminista (como exigir el supuesto derecho al aborto libre y seguro), sino también a promover y respaldar las políticas gubernamentales en favor de la comunidad LGTBIQ a través del enfoque de igualdad de género. Tenemos a DEMUS, Flora Tristán, Manuela Ramos, PROMSEX (engreída de Planned Parenthood, un empresa que  comercializa con las partes de los bebés abortados y que los vende para investigación) entre otras.

Me llama poderosamente la atención el discurso del enfoque de igualdad de género, que nos habla de brindar las mismas oportunidades entre hombre y mujeres (con lo que estoy completamente de acuerdo) a través de un trato justo y equitativo. Sin embargo, cabe aclarar que este no va de la mano con la idea de “identidad de género”, que hace referencia al sexo que las personas tienen, creen o quieren tener. Otra manera más de impulsar su agenda.

Pero analicemos ¿qué ha ocurrido en los países donde el feminismo y el enfoque de igualdad de género han avanzado mucho? De hecho lo que podemos aprender de la experiencia que viven otros países que han abierto las puertas y aceptado las premisas de movimientos liberales, es que lo que se ha disfrazado de igualdad y justicia, es en realidad un movimiento supremacista, violento, de tendencia dictatorial y dogmática, coartando la libertad de conciencia, de expresión y hasta de pensamiento de sus ciudadanos, obligándolos a decir amén a todos sus postulados y a estar de acuerdo con todas sus políticas. ¿Exagero? Veamos.

En España, importante bastión del feminismo, aún existen organizaciones pro valores, pro vida y pro familia. Uno de estos, que se llama HazteOir.org, a inicios de este año comenzó una campaña llamada “El bus de la libertad”. Este bus, recorrería el país español con un mensaje sencillo impreso en su carrocería: “Los niños tienen pene, las niñas tiene vulva. Lo dice la Biología. Respeto para todos. No al bullying”. La reacción de los colectivos feministas y LGBT no se hizo esperar y no repararon en el grado de violencia. Lugar al que llegaba el bus (si es que llegaba), era recibido con piedras, palos, pintura, huevos e iracundas manifestaciones. Como si no fuera suficiente, en varias ocasiones la policía intervino el autobús sin motivo aparente, impidiéndoles continuar con su periplo o sencillamente llenándoles de trabas burocráticas para poder entrar a otra ciudad. En el colmo, se obligó a HazteOir, a que retire los eslóganes de su autobús para poder continuar con su recorrido y aun cuando el bus ya no tenía ningún texto, siguió sufriendo violencia de grupos activistas.

Lo que pinta de cuerpo entero esta situación es que las expresiones de rechazo y condena por parte de los políticos hacia estas actitudes violentas se hicieron esperar demasiado, y fue uno que otro “valiente” que en determinado momento, cuando la violencia parecía tener licencia ilimitada, alzó la voz tímidamente para rechazar esta actitud de parte de los colectivos feministas y LGBT. Todo esto puede ser corroborado desde las páginas de Facebook de HazteOir y de Ignacio Arsuaga, presidente de la mencionada organización española.

En Estados Unidos, tenemos un caso representativo de denuncias falsas de violación, y es el caso de Brian Banks, una joven promesa del fútbol americano que a los 16 años tuvo que renunciar a sus sueños tras enfrentar una falsa denuncia por violación. Aunque nunca se pudo comprobar su culpabilidad, fue condenado a 41 años de prisión, consiguiendo un arreglo de 5 años en prisión y 5 en libertad condicional, además de ser obligado a registrarse como agresor  sexual. La mujer que lo denunció, admitió que la acusación fue falsa y aunque ahora Banks es un hombre libre, los años que tuvo que haber dedicado a despegar en la NFL, los pasó en juzgados y en la cárcel. Todo por la presión de los grupos feministas que ejercieron presión mediática.

En México, se crearon los vagones de metro exclusivo para mujeres donde bajo pena de multa, no puede ingresar ningún hombre; sin embargo, las mujeres sí pueden viajar en los vagones normales donde viajan los hombres y tienen asientos reservados exclusivos para mujeres. Lo más gracioso de esto es que se han reportado agresiones y situaciones violentas entre mujeres en los vagones que se supone, era para protegerlas del acoso y de la violencia de parte del macho opresor.

¡Despertemos!  El trasfondo de todo esto es incluso político. Una de las exigencias del feminismo son “las cuotas de género”, que es reservar para las mujeres un porcentaje determinado de puestos de toma de decisiones o candidaturas políticas. O sea, que para no ser un misógino, en mi empresa o partido político, tengo que incluir el porcentaje de mujeres que ellas digan, por el simple hecho de ser mujeres, no importa si tengo que dejar afuera a hombres con un mejor currículo o con mejores capacidades.

Lo raro es nunca se ve a las feministas exigiendo igualdad de oportunidades ni pidiendo “cuotas de género” para cavar una zanja o entrar a trabajar a un socavón, mucho menos para laborar en construcción civil. Eso me lleva a pensar que mientras el feminismo hace un morboso énfasis en las supuestas “desventajas” que tienen las mujeres frente a los hombres, por el simple hecho de ser mujeres, buscan obtener privilegios y beneficios. Una gran manera de invisibilizar la gran mayoría de las fatalidades laborales que sufren los hombres (por ejemplo, a pesar de que la esperanza de vida del hombre es menor al de la mujer en 5 años,  según INEI, nos jubilamos a la misma edad)

La cereza del pastel es lo relacionado a los derechos reproductivos. Las feministas son “pro-elección”, es decir, la mujer debe tener la capacidad de poder decidir no tener hijos, aún si ya está embarazada y más aún, si su pareja no quiere abortar. ¿Y qué pasa con los derechos reproductivos del hombre? ¿Por qué él no puede decidir? El discurso feminista reduce los derechos sexuales del hombre al simple hecho de decidir no tener sexo y/o usar condón. O sea, reducimos los derechos reproductivos del hombre al uso del condón y a no tener relaciones sexuales, pero en el caso de las mujeres eso no basta. Bastante equitativo e igualitario ¿no?

Nos hemos quedado sin capacidad de reclamo o de opinión y lo peor es que el feminismo proclama que los hombres también somos víctimas del patriarcado, y que por esa razón es que nos cuesta dejar aflorar nuestros sentimientos, llorar y hablar de nuestros problemas. Sin embargo, cuando les hablamos de la problemática de los hombres o de la “violencia doméstica”, inmediatamente nos insultan y ridiculizan.

Como podemos observar, la lista de los abusos del feminismo y sus políticas en desmedro del hombre en occidente es bastante extensa y está escudada en una supuesta deuda histórica que tenemos los que tuvimos la mala suerte de nacer con un pene entre las piernas. Una deuda inventada que ha servido de caballito de batalla para empoderarse a las patadas. Esto no es igualdad de género, es un supremacismo de las mujeres que no busca equidad de ninguna forma.

 

Artículo escrito por Josué Daniel Arhuiri Cateriano.

*El contenido del artículo es de estricta responsabilidad de sus autores.