OPINIÓN. Eduquémonos para educar (Por Mitchel Lama Daza)

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(Imagen tomada de internet)

Podría parecer un discurso trillado hablar de la moral, la ética y su inherente relación con la educación. Pero si fuera materia conocida no tendríamos tanta gente nociva para la salud física, mental y espiritual de las futuras generaciones. La relación entre la educación de casa con la impartida en instituciones debe ser buena, sin embargo, no lo es.

Somos un pueblo ignorante, perdidos en la inmensa e infinita incertidumbre, por esa razón, no sabemos tomar decisiones. Lejos de lo que la mayoría piensa y hace, centrarnos en la transmisión de  conocimientos tampoco sería la llave para alcanzar los ideales de la educación. Basta con tan sólo dar una mirada a esos médicos, jueces, diplomáticos, historiadores, sacerdotes, psicólogos e incluso maestros, que tratan mal a la gente, para darnos cuenta del terrible daño que nos hacen y nos harán para toda la vida.

Lamentablemente, el mundo es como es y ha sido así desde siempre. Los vicios, la enfermedad mental, la ignorancia y la maldad en general están desde el génesis, solo que se cambian de ropa y visten a la moda. Que nada nos sorprenda en esta vida.

Hace tiempo leí un artículo acerca de la enseñanza, decía que había una mística muy profunda en aprender viendo y tocando, sin usar palabras. No es necesario decir, sino hacer (como diría Charly García “Say no More”).

“Se enseña con el ejemplo”, decían nuestros abuelos. Esa es la raíz del problema, la “madre del cordero”. Lo que me lleva a pensar inevitablemente que todo ya está dicho. De lo que se trata ahora es de llevarlo a cabo. Debemos, por lo tanto, comenzar a trabajar con acciones, ya que todos y cada uno de nosotros somos los responsables de solucionar este mal.

Tal parece, pues, que el caos es inherente a nuestra naturaleza. La influencia que debemos ejercer es la del bien, y no me refiero al bien idealizado con lo bonito o sagrado, me refiero a lo que está bien hecho, a lo que funciona de forma correcta, y esto, señores, es lo más difícil de lograr. “Nadie dijo que iba a ser fácil” diría Messi, “No critique, trabaje” diría mi papá.

Después de todo, el facilismo, la desinformación y el mediatismo son parte de la contemporaneidad. No debemos vivir echándole la culpa a todos, debemos ponernos la mochila, tomar la escoba, el recogedor y ponernos a limpiar, comenzar por nuestra propia casa y, solo así, cuando nos vean hacerlo, alguien hará lo mismo.

No tengamos “El más puro e injustificado entusiasmo” por cambiar las cosas, empecemos en orden y con sentido.

Artículo escrito por Mitchel Lama Daza, artista plástico y profesor de secundaria.