OPINIÓN. De vuelta a prisión (Por Fernando Taco Mendoza)

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La madrugada del 29 de enero de 1992, efectivos paramilitares del Grupo Colina fueron a la provincia limeña de Pativilca. El pelotón, al mando de Santiago Martin Rivas, el que fuera entonces mayor del Ejército Peruano, se encontraba ahí para cumplir un “encargo” de Nicolás Hermoza Ríos: realizar una matanza.

El fatídico desastre que estaba por ocurrir, se había iniciado producto de una llamada telefónica. Días antes, un empresario chino que disputaba terrenos en Caraqueño y San José acusó a los que ocupaban la zona de ser senderistas. El empresario del país asiático no dudó en llamar a un familiar cercano a Hermoza Ríos, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, para que lo ayudara a solucionar su problema. Fue entonces que por orden de Hermoza la masacre de la Pativilca-Caraqueño, como se haría conocido después el caso, inició a las dos de la madrugada.

En la oscuridad de la noche, los integrantes del Grupo Colina irrumpieron en los hogares de las familias de Pativilca y secuestraron a John Calderón Ríos (18), Toribio Ortiz Aponte (25), Felandro Castillo Manrique (38), Pedro Agüero Rivera (35), Ernesto Arias Velásquez (17) y César Rodríguez Esquivel (29).

Al día siguiente, 30 de enero de 1992, aproximadamente a las seis de la tarde, José Luis Agüero, hermano de uno de los secuestrados, encontró una escena espantosa que lo marcaría para toda la vida. “Un amigo que bajaba con su camión me contó que había visto varios cuerpos en un cañaveral cerca de la carretera de ingreso. Cuando fui a verlos encontré un cuadro horrible. Mi hermano tenía disparos en la cabeza, pero había otros dos señores que estaban torturados, quemados, parecían que le habían puesto soplete”, dijo. Este horrendo crimen tuvo lugar dos meses después de la masacre de Barrios Altos y seis meses antes de la masacre de La Cantuta.

Es ahora, cuando el exdictador Alberto Fujimori ha sido liberado, que los fantasmas de Pativilca lo atormentan. Alberto teme y tiembla, está inseguro y no es para menos. Después de todo, el asesinato de las seis personas en la provincia limeña todavía está pendiente de juicio. Sinónimo de que Fujimori podría volver a prisión. Esto, claro, sin mencionar que Pedro Pablo Kuczynski puede ceder ante un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Parece que Fujimori esta vez no tiene la suerte de su lado. Esperemos, pues, que la justicia empieza a funcionar como debe y que Alberto Fujimori vuelva a prisión. Un delincuente de esa calaña no debería estar libre bajo ninguna circunstancia.