OPINIÓN. Cuestión de respeto (Por Johan Cano Valencia)

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(Foto tomada de diario El Trome)

Durante la semana pasada, sin duda la noticia que estremeció al país fue la prisión preventiva, dictada por el juez Carhuancho, a la expareja presidencial. El Perú entero se detuvo para observar cómo Ollanta Humala y su esposa Nadine eran detenidos por las autoridades. El poder que antes tenían parecía no importar y ahora ambos, frente a los ojos de toda la nación, ingresaban a la cárcel.

Este fenómeno peculiar nos convirtió en un estado aún más anómalo. Ahora, nuestra patria  ostenta un récord poco agradable: tenemos a dos expresidentes detenidos por temas de corrupción. Frente a esta situación, los comentarios no se hicieron esperar y fueron varias las posturas que se dieron acerca del tema.

Por un lado, algunos consideran que la prisión preventiva fue un exceso, que de acuerdo a la legalidad debería ser la excepción y no la norma. Los militantes de nacionalismo manifiestan que se trata de una persecución política e incluso señalan que sería una “cortina de humo”. De acuerdo a ellos, no existe el peligro de fuga y, por lo tanto, debía ordenarse una orden de comparecencia que permita a los acusados conservar su libertad mientras siguen las investigaciones.

Sin embargo, hay otro sector que opina lo contrario. Para ellos, la prisión preventiva fue la mejor medida, pues evita que la expareja presidencial fugue del país. Además, según ellos, no se trata solamente de una cuestión de legalidad, sino que resulta un acto simbólico que devuelve a la población la confianza en la justicia y en las leyes del país. Confianza que los ciudadanos necesitan tener en el poder judicial y que se ha perdido mucho en los últimos años en los que la impunidad se ha hecho la norma.

Acertadas o no, lo cierto es que nuestras acciones están bajo la mirada atenta del resto de países. Las decisiones que tomemos en los próximos meses darán una imagen al mundo de lo que el Perú es. Indultar a Fujimori, detener a Ollanta, capturar a Toledo son acciones que debemos pensar detenidamente, pues proyectan al resto de la humanidad una idea de nuestro país. De nosotros dependerá si creamos una figura de un Perú honesto, justo y donde se respeta la legalidad o si seguimos siendo un país “chicha” en el que todos hacen lo que quiere.

Si para que merezcamos el respeto de la comunidad internacional, hace falta que encarcelemos a más exmandatarios, pues adelante.  Seamos conscientes de que nuestro futuro está hoy en nuestras manos.

Artículo escrito por Johan Cano Valencia, licenciado en Literatura y Lingüística, editor de la sección de cultura de HBA, columnista del diario Sin Fronteras (Arequipa) y profesor de secundaria.