OPINIÓN. Censo improvisado (Por Johan Cano Valencia)

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(imagen tomada de internet)

El último domingo (22 de octubre) nuestro país vivió nuevamente un censo a nivel nacional. Otro rotundo fracaso del Estado y una muestra evidente de su falta de seriedad y planificación. Y aunque muchos quieran disimular la situación, en las siguientes líneas expondremos los errores que se cometieron.

Para empezar, no se contó con el número total de voluntarios para realizar las encuestas. Se tuvo que recurrir a gente mayor o gente casi inexperta para cubrir las plazas necesarias para la recolección de datos. No se contó con centros de operación bien establecidos, ni con la logística adecuada que pudiera servir de apoyo.

No se planificó el desarrollo de las actividades. La repartición de encuestas se hizo a última hora y el mismo día, incluso en algunos distritos de Arequipa se inició el censo en la tarde. Esto retrasó la labor de los censistas. No se unificó el refrigerio que se entregó, ni su hora de entrega. Cada quien almorzó o refrigeró lo que pudo y a la hora que pudo. Ni qué decir de la devolución de las encuestas que se exigió el mismo día y sin plazo alguno. Lo que hizo que muchos encuestadores tuvieran que terminar de llenar los datos de cualquier forma y en plena calle.

No se garantizó la seguridad de los censadores. Incluso una mujer fue violada y otros asaltados. No se coordinó con la policía de forma que se pudiera brindar la seguridad necesaria y no se hicieron grupos de censistas para procurar su integridad. Tampoco hubo coordinación con las Municipalidades para que, a través de las unidades de serenazgo, se pueda la brindar seguridad y apoyo necesarios.

No se dieron las directivas necesarias. Incluso antes de día del censo se pudo apreciar mucha improvisación en las indicaciones del INEI que, en un primer momento, que señaló que la inamovilidad era absoluta y que luego cambió sus declaraciones. Las personas que fueron censadas antes al domingo lo hicieron en total desorden: en distintas fechas, de forma saturada  y con poca anticipación.

No se concientizó a la población. No hubo una campaña que buscara generar en las personas  la colaboración necesaria para realizar el censo, menos directivas claras que permitieran a los ciudadanos saber cómo actuar y qué hacer antes, durante y después del censo.

Finalmente, no se pudo censar a toda la población, lo que pone en peligro la veracidad de los datos ¿Y así quieren que creamos que el censo fue un éxito? Reflejo claro de lo que somos: un país de improvisaciones.

Artículo escrito por Johan Cano Valencia, licenciado en Literatura y Lingüística, editor de la sección de cultura de HBA, columnista de algunos diarios de Arequipa y profesor de secundaria.