OPINIÓN. Borracho peruano que se respeta Por: Sarko Medina Hinojosa

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Por un lado tenemos a los padres de familia iracundos porque sus menores hijos están expuestos a proxenetas, violadores, depravados, vendedores de droga y pedófilos. Se quejan en redes sociales y llaman a las radios y se dan golpes de pecho cuando algún menor es encontrado borracho en el parque con otros compañeros más. En los medios de comunicación la gente se lamenta por los accidentes de tránsito y llora inconsolable ante la muerte de algún joven, víctima de la violencia callejera. Válido, claro. Pero infinitamente hipócrita al final.

Vivimos en una sociedad que ensalza al macho borracho que se respeta. A ese que de “chibolo” se tomaba sus “calientitos” en la fiesta de la Cruz del Barrio, a escondidas de los mayores. A ese que se robaba los piscos, los güisquis, los rones de sus viejos para mezclarlos con alguna gaseosa y tomar en un paseo con “pera” incluida en los campos de Chilina, Sachaca, Sabandía o el parque de la esquina por último. Lo ponemos de ejemplo en las fiestas familiares alabándolo, riéndose con sus travesuras. Contamos como éxito la “trusca” que se metieron los escolares en el viaje de promoción, previa venia de los padres acompañantes.

Se aplaude al borracho de fin de semana, ese que desprecia el “jueves de patas” porque solo se toma dos a tres cervezas mínimo y prefiere la salida el viernes para llegar al videopub y pedir de frente un “sellado”. Sus historias giran en torno a las veces que ha “chupado”, a las “flacas” que ha conquistado entre “Pisco y Nazca”, las “broncas” que ha tenido y las veces que se ha enfrentado celular en mano a los “choros” por su barrio o en el taxi. Su paso por la Universidad está marcado por las maratones que se metió en el “Jakaranda” o en “Jakuna” o el “Manutara”.

Con risitas cómplices andamos paseando por fiestas de todo tipo y no decimos nada de aquellos que se “ponen una caja más”, a pesar que se sabe que están gastando la plata para la semana de su familia. Silbamos de alegría cuando llega el “borrachín” bailador, ignoramos la pelea de los que se le “cruzan los cables” y no nos importa cuando en el barrio el “boxeador” de nuevo la “zamaqueó” a su mujer e hijos con un par de cachetadas. Para ellos tenemos la frase: “No sabe chupar” y nos reímos, para solucionar nuestra conciencia.

Lo que no reconocemos u ocultamos cuando hablamos de las épicas “chupísticas” es que “huasquearse” en tiempo de colegio terminaba en “broncas” innecesarias, los “roches” por andar “tiesos” haciendo el ridículo y las veces que en la vereda se durmió, por no hablar de los robos y asaltos. Las veces que en casa, nublados por el alcohol, se faltó el respeto al padre, a los hermanos, a esa madre llorosa. No se habla de las veces que con ínfulas de “macho” se insultó a una dama por solamente no querer bailar.

Sociedad hipócrita en la que vivimos tomando y festejando como si todos tuvieran cultura etílica de nacimiento, sin darnos cuenta que la promoción del licor y su ingesta descontrolada es la que en mayor parte mutila, viola, golpea y mata cada día, todos los días del año en este país, en que es más barato comprar una botella de alcohol y gaseosa en la tienda de la esquina que promover los valores familiares en las escuelas, en los hogares, en las oficinas, en las universidades. Y aún así reclamamos, todavía. Salud por eso ¿no?

Por Sarko Medina (Escritor y Periodista arequipeño)

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