OPINIÓN. “Beber y beber y beber hasta morir” por Sarko Medina Hinojosa

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El beber licor en cantidades industriales mata. Eso lo saben los alcohólicos que pululan alrededor del Cuartel Mariano Bustamante del distrito de Mariano Melgar, los que se acomodan en la periferia del Mercado El Altiplano y de la avenida Sepúlveda, los que construyen sus casuchas en las torrenteras o en los márgenes del Río Chili. Lo saben pero no les importa, ya están ganados por el vicio. Lo peor es que nuestra ciudad invisibiliza el tema, no lo tiene en cuenta, lo evade, como se esquiva justamente al borracho tirado en la pista o vereda, como el que ejemplifica este artículo de opinión.

En los últimos días aparecieron en redes sociales las imágenes de dos jóvenes totalmente embriagados en el parque España. El espectáculo es recurrente. Pero por allí dirán que no es lo mismo los morados rostros de los indigentes que beben alcohol etílico en botellas de plástico que los rostros graciosos de los jóvenes que consumen cerveza o a lo máximo ron. De eso hablamos, no se le toma la importancia debida porque, se piense lo que se piense de una droga legal como el alcohol, la verdad es única: el consumirla en exceso destruye, enferma, atropella, viola, agrede, mata.

Hace algunos días se cumplieron 81 años de Alcohólicos Anónimos. Según sus datos y estimaciones una persona que consume reiterativamente alcohol se convierte primero en un bebedor crónico para luego pasar al alcoholismo. Según datos de esta institución y del Ministerio de Salud el 10% de la población en el país sufre de esta adicción y se proyecta que en los próximos cinco años será el 15%. Pero muchos no se dan cuenta de su enfermedad porque la consideran normal, es decir, una persona que bebe los fines de semana reiterativamente es ya un alcohólico, pero, que gran contradicción tenemos si vemos un comercial de una cerveza en el que es casi una obligación beber los Jueves, por no decir ya los viernes, sábados y domingos. “El cuerpo pide” es la frase con la que mucho disimulan mal que bien los síntomas del Síndrome de la Abstinencia, que en el caso del licor se manifiesta por una necesidad de cada cierto tiempo libar… ¡Pero a borbotones!

Según los mismos datos del MINSA existe un 40% de los pobladores de nuestra región considerados como bebedores sociales. El tema pasa por nuestra propia cultura que no ve con malos ojos que los menores de edad, desde los 10 años aproximadamente, empiecen a beber un vaso en las fiestas familiares y ya algo más cuando se entra a la adolescencia y ya muy normal que en las fiestas quinceañero o fiestas patronales los muchachos beban “duro y parejo” siempre y cuando “no falten el respeto ni nada”. Hasta los mismos padres de familia en varios casos proyectan esa suficiencia para el licor alentando a los menores, en su mayoría los varones, a que tomen como muestra de iniciación en la adultez. El problema es que de los 335 mililitros de licor que se recomienda tomar en una noche, para sentirse alegre o relajado cual es el fin del beber licor, se pasa a los excesos con facilidad.

En muy pocos casos los familiares identifican al alcohólico como un enfermo, lo registran más como una etapa por determinados problemas familiares, afectivos, económicos y largo etc., que trata de disculpar ante los ojos de los demás el proceso degenerativo del pariente, hasta que esa situación sobrepasa todo límite y la solución correctiva no se plica, por el contrario, se abandona a su suerte al afectado por la adicción quien le quedan tres caminos: hospital, cárcel o muerte.

Los más incisivos preguntará ¿Y los indicadores de lo que está hablando? Buena pregunta. Aparte de que el consumo de alcohol es uno de los principales problemas de salud mental en la ciudad, el mayor indicador está en el incremento constante de los accidentes de tránsito los cuales están refrendados por los datos que tienen las áreas de emergencia de hospitales y la carga procesal en la Corte Superior de Justicia de Arequipa, amén de los procesos de investigación que abre el Ministerio Público.

Los casos de violencia familiar son otro indicativo, si bien el 80% de las agresiones cometidas por varones son en estado sobrio, el 20% restante tiene como componente la embriaguez y, dato mortal, es que en ese porcentaje es donde se ubican muchos de los más feroces ataques contra las mujeres niños u otros varones.

Hacer algo al respecto es tarea de todos, pero, principalmente de los varones en los hogares para que esa imagen del alcohol como algo importante en el desarrollo de un hombre, sea desechada o, por lo menos, no ensalzada. Y también de las mujeres, ahora que también es un problema entre ellas. No seamos más hipócritas, no digamos a voz en cuello que estamos en contra de la borrachera cuando en los círculos internos de amigos o familiares refrendamos el consumo de licor como algo “necesario” “importante” “que no debe faltar” “que es común”, porque lo único que estaremos haciendo es colocarle nosotros mismo el arma de destrucción a nuestros hijos en los labios.

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