OPINIÓN. Autoridades de la vista gorda (Por Johan Cano Valencia)

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(Imagen tomada de internet)

La noticia “boom” de las últimas horas, en Arequipa, fue una denuncia periodística que ponía en evidencia las clínicas abortivas que existen en pleno centro de nuestra ciudad, frente al hospital Goyeneche. Las autoridades están siendo observadas por la opinión pública y, por consiguiente, deberán de proceder a cerrar dichos locales.

Sin embargo, para nadie es novedad que dichas clínicas funcionaban a vista y paciencia de todos. Impunemente realizaban sus servicios y ponían en riesgo la salud de varias mujeres que acudían para ejecutar esta práctica prohibida. Basta tomar un periódico, buscar en la sección de clasificados y encontraremos una gran cantidad de anuncios de este negocio que nos facilitarán su teléfono y dirección.

Parece que por fin, en nuestra ciudad, las autoridades están abriendo los ojos y despertando de un largo periodo de letargo e inacción. Lo triste es que lo hacen después de muchos años de haber dejado que se cometan una serie de irregularidades y delitos. Ahora se pide que intervengan las clínicas abortivas del centro, se hacen “mega operativos de inteligencia” para desarticular las mafias de celulares robados y se inspeccionan algunos restaurantes de dudosa reputación. Después de que se los ha dejado actuar libremente tanto tiempo que la gente incluso se ha acostumbrado a ellos.

Se nota que nuestras autoridades se hacen de la vista gorda cuando quieren y con quien quieren. Por ejemplo, cuando se trata de quitar la mercadería a los ambulantes de a pie, los efectivos de seguridad ciudadana tienen una especial atención. Pero no hacen nada cuando se trata de discotecas que expiden licores a menores de edad o de lugares en los que se vende piratería.

Cada ciudadano de “a pie” fácilmente puede indicar donde se venden las autopartes robadas, donde se compran y venden celulares hurtados, donde se hacen abortos y donde está la meca de la mercadería pirata. No se quiere intervenir, no se quiere cambiar la situación. Parece que es parte de un ecosistema de informalidad y de corrupción que se ha vuelto necesario.

Si realmente queremos cambiar las cosas en el Perú, empecemos a poner orden. No dejemos que la delincuencia se institucionalice para recién tener que erradicarla. Esta solo es una táctica absurda que lo único que logra es que sea más difícil luchar contra la criminalidad. Hacerse de la vista gorda y esperar a que el siguiente gobierno resuelva los problemas solo fomenta que todos sigan haciendo lo que les da la gana.

Artículo escrito por Johan Cano Valencia, licenciado en Literatura y Lingüística, editor de la sección de cultura de HBA, columnista y profesor de secundaria.