OPINIÓN. Asumamos responsabilidades (Por Fernando Taco Mendoza)

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Son tres los expresidentes peruanos que fueron a parar a la cárcel: Augusto Bernardino Leguía y Salcedo, Alberto Kenya Fujimori Fujimori y Ollanta Moisés Humala Tasso. El primerio murió viejo, enfermo, únicamente acompañado por su hijo en el Hospital Naval del Callao tras permanecer en prisión largo tiempo. El segundo, “el chino”, el golpista, el autor de las matanzas de Barrios Altos, de La Cantuta, del secuestro del periodista Gustavo Gorritti y del empresario Samuel Dyer Ampudia; vive encarcelado en el penal de Barbadillo y si nos descuidamos, los fujimoristas, sus fieles seguidores, usarán su ventaja como mayoría en el congreso y dejarán a Alberto libre, fuera de la cárcel y de cualquier castigo por los crímenes cometidos. El tercero, el militar, el acusado de ser un asesino en serie, reside en la actualidad también en el penal de Barbadillo, tiene 18 meses de prisión preventiva y es investigado por posiblemente recibir 3 millones de dólares de Odebrecht durante su campaña del 2011. De momento son tres, a largo plazo quién sabe. Señal inequívoca de que en Perú no sabemos votar y de que nuestra justicia empieza a funcionar.

Esta es, pues, la situación: Los primeros mandatarios del país que aún viven están todos en prisión o investigados o prófugos. Toditos en problemas con la ley. Sucesos sin precedentes, merecidos. Después de todo, ¿quién los eligió a esos para que nos gobiernen? Nosotros los elegimos. Votamos por esos que no nos miran, por esos que nos prometen que cuando lleguen al poder toda obra que no se hizo antes será hecha y toda hecha, mejorada, por esos que nos engañan, por esos que en campaña nos prometieron que harían todo para ayudarnos y no hacen nada. Votamos sin pensar, o lo que es lo mismo, votamos para sufrir: Votamos, nos golpeamos, nos herimos, nos quejamos, olvidamos y volvemos a votar por el mismo, volvemos a golpearnos, a herirnos, a quejarnos, a olvidarnos y sígale y sígale y sígale las veces que usted quiera. El círculo no para. No aprendemos. Masoquistas parecemos.

Hace rato que es momento de cambiar las cosas. Todavía no es tarde y todavía estamos aquí para cambiarlas. Tomemos conciencia cuanto antes de que cuando vamos a las urnas decidimos el futuro del país, o sea, nuestro futuro. Solo así podremos gente responsable en cargos públicos y botaremos a los que tan acostumbrados parecen estar a mantenerse en el poder sin asumir sus responsabilidades. De momento, ocupémonos de la nuestra: mejorar las cosas.