CULTURA. La trágica vida de Juan Gonzalo Rose (Por Johan Cano Valencia)

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Un día como hoy, un 12 de abril de 1983, murió uno de los mejores representantes de la poesía peruana, Juan Gonzalo Rose. De una vida trágica, pero llena de talento dedicó su vida a la poesía para la que entregó todo de sí. En las siguientes líneas, repasamos un poco acerca de su vida y obra.
De espíritu inquieto, trabajó la poesía de manera ardua, pero con un lenguaje sencillo, quizás porque Juan Gonzalo entendía la importancia de llegar a la mayor cantidad de personas posibles. Con versos sencillos, abordó muchos temas de corte social, que buscaban la lucha por la igualdad, la denuncia de los abusos y la defensa de los derechos en el Perú.

GASTRONOMIA

Para comerse un hombre en el Perú
hay que sacarle antes las espinas,
las visceras heridas,
los residuos de llanto y de tabaco.
Purificarlo a fuego lento,
cortarlo a pedacitos
y servirlo en la mesa con los ojos cerrados,
mientras se va pensando
que nuestro buen gobierno nos protege.

Luego:
afirmar que los poetas exageran.

Y como buen final:
tomarse un trago.

Sin embargo, Rose no le cantó solamente a la desgracia, sino también al amor, que es un tema recurrente en su poesía, a través de imágenes simples, pero llenas de belleza y ternura, impacta a los lectores con una facilidad increíble y que lo convierten en uno de los poemas más populares y seguidos de su generación.

EXACTA DIMENSIÓN

Me gustas porque tienes el color de los patios
de las casas tranquilas…

y más precisamente:
me gustas porque tienes el color de los patios
de las casas tranquilas
cuando llega el verano…

y más precisamente:
me gustas porque tienes el color de los patios
de las casas tranquilas en las tardes de enero
cuando llega el verano…

y más precisamente:
me gustas porque te amo.

Amante de la vida, fue golpeado justo en donde más le dolía, en aquello que, justamente, más lo llenada de vida: su novia. Ella falleció dejando al poeta sumido en una gran soledad y tristeza que lo llevó a tener una vida bohemia que, finalmente, desencadenó en una cirrosis mortal que se lo llevaría a los 54 años de edad.

Sufrió también de soledad crónica que lo consumió a lo largo de su vida y que lo llevó de bar en bar. Pasaba las tardes sentado junto a la ventana y viendo directamente hacia la nada, con una copa de chilcano o una cerveza en la mano, según refiere su amigo y editor “bola” Aguirre. Así empezó un alcoholismo que lo mató de a pocos, que se consolidó con la muerte de su madre a quien amaba intensamente y para quién alguna vez leyera el siguiente poema frente a un auditorio lleno con su progenitora en primera fila:

LA PREGUNTA
Mi madre me decía:
si matas a pedradas los pajaritos blancos,
Dios te va a castigar;
si pegas a tu amigo,
el de carita de asno,
Dios te va a castigar.

Era el signo de Dios de dos palitos,
y sus diez teologales mandamientos
cabían en mi mano,
como diez dedos más.
Hoy me dicen:
si no amas la guerra,
si no matas diariamente una paloma,
Dios te castigará;
si no pegas al negro,
si no odias al rojo,
Dios te castigará;
si al pobre das ideasen vez de darle un beso,
si le hablas de justicia
en vez de caridad,
Dios te castigará.
Dios te castigará.
No es este nuestro Dios,
¿verdad mamá?

Los aplausos con que la ovación celebraba la poesía de Rose, que junto a su madre (la señora Gross) se abrazaban delante de todos luego de la lectura del poema, anticipaban lo difícil que le resultaría al poeta superar la pérdida de su progenitora. Luego de este trágico episodio, en junta con sus hermanos, decidirían alquilar la casa materna para que luego el poeta viviera sus últimos días encerrado en un pequeño cuarto de San Felipe, o en un pequeño bar llamado Ovni.
Las cosas agravaron y Juan Gonzalo, a petición de uno de sus hermanos que trabajaba como psiquiatra, terminó en el hospital Rebagliati, internado en el piso 13, en la sección de los alcohólicos y drogadictos. Incluso ahí no pudo refrenar su gran depresión e instinto autodestructivo y en algunas ocasiones logró esconder licor dentro del hospital, que tomaba luego a escondidas.

Fue finalmente en 1983, el año en el que Gonzalo tuvo la última de sus crisis, quizás sintiendo que algo andaba mal, decidió no recibir visitas, por temor a que alguno de sus camaradas pudiera llevarle de contrabando alguna botella de alcohol con la que agravaría su estado. Solo recibió a su amigo Hugo Bravo, al joven poeta Julio Heredia, a su hermano Francisco y a su hermana María Teresa (a la que dedicó  alguna vez un célebre poema):

CARTA A MARIA TERESA

Para ti debo ser, pequeña hermana,
el hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora
¿por qué no he amado sólo
las rosas repentinas,
las mareas de junio,
las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar
la rosa y la justicia
el mar y la justicia,
la justicia y la luz?

Fui un niño como todos.
También mi infancia
la atravezaba un río
y tenía una hora misteriosa
en la cual las palomas
a mi alma obedecían.

Pero me preguntaba
¿por qué en mi calle
la alegría es un viento
fugaz e inesperado?,
¿Por qué no siembran trigo
también sobre mi pecho,
si aquí en mi corazón,
todas las noches
se desbordan los ríos?

Por eso fue la noche
el rostro de mi madre,
astro de cera y llanto
en el cielo apagado de mi celda;
por eso me negaron
el Perú en mi desvelo,
y vanamente grito:
devolvedme mi patria,
devolvedme mi escuela de palomas,
mi casa frente al mar,
devolvedme su calle más pequeña;
su lámpara más rota,
su más ciego lugar.

A pesar de todo esto,
para ti debo ser, pequeña hermana,
el fantasma que vuelca
la sal sobre la mesa,
el mal hado que rompe
las puntas de los días:
y es que a ti te hace daño
ver llorar a mamá.

Mas una tarde, hermana,
te han de herir en la calle
los juguetes ajenos;
la risa de los pobres
ceñirá tu cintura
y andando de puntillas
llegará tu perdón.
Cuando esa hora suene
es que amarás las rosas,
las mareas de junio,
el jardín de diciembre
donde los niños van;
es que amarás mis sueños
y mis cosas,

¡Sabrás por qué se rompe
fácilmente
por la mitad el pan!

Cuando esa hora suene
y se empadrine en mi padre mi orfandad,
iremos de la mano
por las calles de Lima,
en trinidad de gozo:
la risa de mamá.

Solo ellos estarían con el poeta en sus últimos días, en la sala de cuidados intensivos, a la que Rose imaginaba en su delirio como una sala de torturas. Finalmente, un 12 abril murió a las 6 de la mañana, producto de la cirrosis que desencadenó en una bronconeumonía severa, dos meses antes de haber cumplido 55 años.