Internacional. Temor e ira en las calles de Irán

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La furia persiste alrededor de los muros de ladrillo pardo de una gran parcela en el centro de Teherán. Dentro se halla la antigua embajada de EEUU. Quienes se manifestaron ayer frente a ella, puño en alto, gritando y con banderas ardiendo, la llamaron “nido de espías”. La conmemoración del 39º aniversario del asalto, la toma de rehenes y la posterior crisis de 444 días, que cambiaría la imagen de Irán en Occidente hasta hoy, se vivió ayer, un día antes del retorno de las sanciones nucleares de EEUU.

Con la revolución islámica a punto de cumplir cuatro décadas, la protesta política tomó cierto cáliz folclórico. Ayer, como cada año, el “muerte a América”, la quema de banderas estadounidenses y la exhibición de monigotes con el rostro de sus presidentes se combinaron con tradiciones más recientes, como pisar alfombras con billetes de dólar impresos, sacar brillo a zapatos con banderas de EEUU o del Reino Unido y clamar contra el rival regional: Arabia Saudí.

“América tiene muchos problemas con nosotros y nosotros tenemos muchos problemas con ellos”, fue el diagnóstico de perogrullo de Abdulmayid Mohseni, un tendero que se sumó a la ola de funcionarios y estudiantes convocados para la ocasión. No lejos de él, Alireza, empleado de hotel: “Tenemos problemas económicos internos que no tienen que ver con América», matizaba, «pero, si las sanciones se agravan, la determinación del pueblo será mayor”. Precisamente, la hostelería será uno de los sectores perjudicados a partir de hoy.

La idea que sobrevolaba alrededor de la antigua legación diplomática de Washington y que se extiende por todo el espectro social es que el iraní reconoce que tiene problemas internos que resolver, entre ellos económicos, pero estas cuestiones deben lidiarse en casa y sin injerencias extranjeras. Porque, para el iraní corriente, desde mucho antes que la revolución de 1979, la bandera y la dignidad lo son todo. Las sanciones que hoy entran en vigor probarán hasta qué extremo.

Por eso, la población se asoma al abismo de las sanciones con una mezcla de temor y cólera. Del júbilo con que miles tomaron las calles en junio de 2015 para celebrar la firma del pacto nuclear, el fin de tres años de rigores bajo duras sanciones y el retorno de Irán al mundo, hoy no queda nada. No hay ciudadano a quien las nuevas sanciones no le vayan a afectar, bien sea por la devaluación de la moneda que provocará, las dificultades para adquirir ciertos productos de importación, los problemas para transferir divisa, la inflación o el desempleo previstos para los próximos meses.

Fuente: El Mundo