OPINIÓN. La destrucción de nuestra cultura (Por Adán Monrroy Rodríguez)

0
178

El ejercicio de nuestra identidad nacional se ve reflejado en muchos detalles que corresponden a cómo hemos transmitido nuestra cultura socio-político-religiosa a nuevas generaciones; y es que, a veces no entendemos que si ponemos en un relativismo todo aquello que forma o engrandece nuestra cultura, solo por vanos intereses “yoyistas” de personas y empresas, vamos a menoscabar nuestra identidad, nuestra esencia como nación, nuestro orgullo como peruanos.

No obstante, son varias las razones por las que nos elogiamos. Esto a costa de muchos esfuerzos de los ciudadanos, de su talento, de su sagacidad, entrega y sacrificio que han determinado a lo largo de la historia nacional un sentimiento profundo e indeleble de cosmovisión, de nuestra existencia en el Perú. Pero más importante que ese orgullo es preguntarnos ¿qué aportamos como miembros de esta gran cultura para lograr engrandecerla cada vez más?

Desde mi perspectiva, doy cabida a un cúmulo de defectos que menoscaban este patrimonio ya sea como cómplice o simple indiferencia por una alienación o complejo (que nace de compararnos o imitar realidades que corrompen nuestra identidad verdadera) que desplaza poco a poco el sentir de una identidad nacional.

Al ver cómo con tanta desfachatez atropellan a lo grandioso de nuestra cultura, no queda más que indignarse. Lo peor de todo es que esto es cometido por aquellos que no pertenecen a ese legado que no nos debe afectar, sino por nuestros propios conciudadanos que, mirando solo unos viles intereses individualistas y económicos, fueron capaces de renunciar a una marca propia, a un detalle exquisito que nos hace únicos en el mundo (me refiero  a la denominación del “Pisco” como peruano)

Uno se siente como cómplice o “caído” en una auto deshonra de la identidad. Y creo que muchos nos hemos sentido afectados por cómo valoramos nuestra riqueza, cultura, raza, fe, pueblo o razón.

Tal parece que, cada vez más y sin que nos demos cuenta, va calando la filosofía del “peor es nada”, mediocridad de pensamiento, pues es someterse a una mentira negando una gran verdad. Verdad que va de la mano con la justicia, y que negarla o despreciarla es corrupción. Este mal está minando nuestras fortalezas en todos los campos. ¡Cuidado! La alienación y los complejos de aquellos que creen tener poder o autoridad son también la raíz de la corrupción y puede destruir gradualmente lo más valioso de nuestra nación: su cultura.

 

Artículo de Adán Monrroy Rodríguez