CULTURAL. Johann Strauss: Un compositor popularmente impopular (Por Javier Vizcarra Pinto)

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Un día como hoy, 3 de junio de 1899, murió en Austria el famoso compositor de valses y polcas austríaco: Johann Strauss II. Fue hijo del reconocido compositor Johann Strauss I, quien logró popularizar el vals y consolidar todas las características que hacen único al denominado ‘vals vienés’. A pesar de no tener el apoyo de su padre, Strauss incursionó en la música en paralelo a su trabajo como empleado banquero. La popularidad que alcanzó fue inmensa, y sin dudas su talento superó la calidad y reconocimiento del trabajo de su padre. Con su orquesta, conformada por músicos amigos suyos y de la orquesta de su padre, realizaron giras por toda Europa, desde Rusia hasta Inglaterra, inclusive en Estados Unidos. De su catálogo de casi quinientas obras, cerca de la mitad son valses, mientras que la gran mayoría la conforman piezas escritas en el estilo folclórico austríaco: polcas, marchas, cuadrillas, galopas; así como música para escena: operettas (óperas breves con argumento sencillo), una ópera y un ballet.

Entonces, ¿cuál es la verdaderas importancia y trascendencia de este compositor hoy en día? Sin miedo a equivocarse, todos nosotros hemos, alguna vez en nuestras vidas, escuchado alguna de sus piezas. Por ejemplo, ¿quién no ha bailado el famoso Danubio Azul en algún evento de gala, o disfrutado el ambiente de un coctel amenizado, ya sea en vivo o por una grabación, por alguno de sus innumerables valses? Y es que Strauss representa la cúspide de la elegancia y sofisticación musical en Austria. Su música, en aquel entonces, era de rigor en todo baile de la corte, y aquellos que pudieran costear la presencia de su orquesta, no escatimaban en presentar estos eventos en los salones más espectaculares de la ciudad. Otro dato curioso era la calidad de la orquesta que acompañaba a Strauss en sus eventos. Este formato de músico y orquesta propia existen aún en la actualidad, gracias al reconocido músico neerlandés André Rieu, quien realiza giras mundiales interpretando con su orquesta, también, algunas obras del propio Strauss.

Además, Strauss es uno de los pocos compositores de la historia cuya música es tan fácil de disfrutar, que representa un primer e importante acercamiento a la escucha de otros compositores clásicos, tanto austríacos (como lo era el mismo Mozart) como del resto de Europa. Su estilo deja de lado las complejidades formales del discurso musical para, sin desmerecer su genio, acercar al oyente a un disfrute máximo de la música. Tal vez esto lo haya obtenido por partida doble, pues al ser sus valses un tipo de música creada para bailar, el disfrute de los espectadores era aún más sublime.

Por otra parte, Strauss es la más importante figura de la música folclórica austríaca, pues demostró con destreza que el folclor de una nación puede manifestarse por medio del arte de los sonidos, llevando estos géneros a los más importantes escenarios del Imperio. El folclor siempre fue una herramienta a disposición de los creadores, como si se tratara de un banco de inagotables ideas de dónde un artista, en este caso un músico, podía escoger material para crear su propia propuesta.

La música de Strauss, hoy en día, tal vez no posea el reconocimiento que se merece, debido a la descontextualización de la misma y a lo realmente ‘popular’ que se ha vuelto. Sin embargo, la próxima vez que escuchemos ‘El Danubio Azul’, ‘El Vals del Emperador’, o ‘Sangre Vienesa’, imaginemos, tan sólo por un momento, que nos encontramos en aquellos salones de baile austríacos, llenos de luz y color, con los invitados vestidos de etiqueta y en medio de parejas que bailan circularmente al ritmo del vals. Sólo así, podremos acercarnos un poco más a la música de este importante compositor.

 

Artículo escrito por Javier Vizcarra Pinto (arequipeño, 24 años, Licenciado en Música UNSA, Compositor de música académica, docente de la UNSA y miembro de la Orquesta Sinfónica de Arequipa)