CULTURA. Vida y obra de Alejandro Romualdo (Por Daniela Silva)

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(Foto tomada de Andina)

Alejandro Romualdo Valle Palomino, nace en la hermosa ciudad de Trujillo, la Libertad, en 1928. El poeta, dibujante, docente y periodista Peruano, es representante de la generación de los 50, su poesía eran de tendencia social hispanoamericana y provocaban polémica por su coloración. Lo que hizo que recibiera distintas críticas y poca atención del público, en un inicio; sin embargo, logró ser un poeta importante del siglo XX en Latinoamérica.
Alejandro cursó sus estudios en la Facultad de Literatura en la Universidad Nacional de San Marcos, donde ganaría el Premio Nacional en 1949, con su primer poemario “La Torre de los Alucinados”,marcando su actitud ecléctica que lo beneficiaria con una beca, en una universidad de Madrid.
Regresa al Perú convertido en un político Marxista, con una temática revolucionaria y una lucha existencial profunda. Así su talento llegará a la cima con su creación “Canto Coral A Túpac Amaru. Un importante texto que reflexiona sobre la libertad, que se ve fuertemente influenciado por Vallejo.
Canto Coral a Túpac Amaru
Lo harán volar con dinamita.
En masa, lo cargarán, lo arrastrarán.
A golpes le llenarán de pólvora la boca,
lo volarán: ¡Y no podrán matarlo!

Le pondrán de cabeza.
Arrancarán sus deseos, sus dientes y sus gritos.
Lo patearán a toda furia.
Luego lo sangrarán.¡Y no podrán matarlo!

Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos, con golpes.
Y con clavos, sus costillas.
Le harán morder el polvo.
Lo golpearán: ¡Y no podrán matarlo!

Le sacarán los sueños y los ojos.
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán.
Y a golpe de matanza lo clavarán:
¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando al infinito.
Le amarrarán los miembros.
A la mala tirarán:¡Y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.
Querrán volarlo y no podrán volarlo.

Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Al tercer día de los sufrimientos
cuando se crea todo consumado,
gritando ¡LIBERTAD! sobre la tierra,
ha de volver. ¡Y no podrán matarlo.
Dedicado a la docencia y al periodismo colaboró en los diarios “La Crónica Y La Prensa” y revistas como,” Cultura Peruana e Idea”, conocido con el apodo de Xanno. escribe la “Extensión de la palabra”, poemario en el que experimentará con elementos visuales y gráficos. Más tarde, en su paso por Cuba, ejercerá la docencia en la Universidad San Martín de Porres y posteriormente ganará el Premio del Festival OTI(1976)  con el poema “Quiero salir al sol”, el mismo que fue musicalizado por Ernesto Pollarolo e interpretado por Fernando Llosa.

 

Quiero salir al sol
Basta ya de agonía. No me importa
la soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara
al mundo. Y a la vida que me toca,
quiero salir, al son de una campana
que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa

con tanto amor. Abrir una alborada
de paz, en paz con todos los mortales,
Y penetre el amor en las entrañas
del mundo. Y hágase la luz a mares.

Déjense de sollozos y peleen
para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por su nombres.

Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
de acabar de llorar mustios collados,
campos de soledad. ¡A otra cosa!
Basta ya de gemidos. No me importa
la soledad de nadie. Tengo ganas
de ir por el sol. Y al aire de este mundo
abrir, de paz en paz, una esperanza.

Luego de una vida de creación y de fuerte lucha social, Romualdo muere a sus 81 años, el 27 de mayo del 2008 ,lo hallaron sin vida en su vivienda en San Isidro (Lima), en una vivienda bastante modesta para un poeta de su categoría. De acuerdo a la autopsia, sufrió un paro cardiaco. Así nos dejó el gran Alejandro Romualdo, que, quizás anticipándose y sintiendo cercana la muerte, decidió escribir el siguiente poema que nos recuerda su triste partida.

Poema responso por un payaso negro

Aquí yace Sam Brown. Aquí descansa su rueda pálida,
la que hacía girar sencillamente bojo sus pies como
un planeta o una ola.

Lejos de su infancia silvestre, de la fiebre sexual, del
tambor y la danza hirviente.
Lejos. Dejó su infancia de leopardos y grullas y flores exóticas.

Aquí yace, más frio que la luna, más triste que el vino,
derramado y oscuro como un vaso de miel para todas las
moscas de Ia destrucción.

Una familia de arlequines le reza. Los astros del circo lloran
y se apagan:
la muerte es una rueda muy traicionera, un jaguar silencioso
que cae desde lo alto— desde cualquier hora —
como un fruto encendido cae desde cualquier estación.

Aquí yace Sam Brown, más pálido que un espejo bojo la
hierba mortal.

Su último traje ya no se arruga, el traje de la función final
en la cual tenía que caer junto con el telón
de la vida y la rueda.

Pidamos que la muerte no nos deje decir nada.
Pidamos que la muerte nos separe, nos desgaje suavemente.
Pidamos que nos haga desaparecer como un ilusionista.

Roguemos porque la muerte llegue como el extraño que nos
Pregunta por la hora.

Porque Sam Brown ya no se mueve.
Porque aquí yace Sam Brown como un girasol ciego.

 

 

Artículo de Daniela Silva Sánchez