CULTURA. Sobre la obra teatral “Pájaros en Llamas” (Por Giuliana Catari)

0
179

“Cuando te pierdes, debes tratar de encontrar la corriente”, es el consejo de sobrevivencia que un padre enseña a su hijo como parte de la filosofía de vida y que a su vez se convierte en la poiesis de la obra teatral “Pájaros en llamas” de Mariana de Althaus.
La puesta en escena aborda la historia de dos accidentes aéreos ocurridos entre el 1971 y 1996 en el Perú (Iquitos y Arequipa, respectivamente) que tienen en común: la muerte. En la primera, se narra la pérdida de la familia completa de un padre a través de la voz testimonial de su hijo (Fernando Verano); y en la segunda, la muerte de Lorenzo de Szyszlo, pareja de Marisol Palacios (actriz) e hijo del pintor Fernando de Szyszlo y la poeta Blanca Varela.
La estructura de la obra es una de las más singulares –en tanto, el desarrollo actoral de cada personaje no se limita a un rol determinado, sino que dialoga permanente con el público a través de el convivio (experiencia) que juega con los poemas de Blanca Varela y Abelardo Sánchez León y revela un extracto de Idilio, título de la canción famosa de Willy Colón. Cabe destacar el papel de Lizeth Chávez, Alberick García y Gabriel García puesto que dinamizan la historia de forma anacrónica al tiempo que narran los vacíos existenciales de los testimoniantes.
En ese sentido, la poiesis o acto de creatividad genera una reacción para con los espectadores a través del acontecimiento in vivo que los vincula y termina cuestionándolos de diversas formas. Jorge Dubatti, crítico teatral argentino refiere en la Filosofía del teatro que “el convivio contribuye a la subjetividad, a la construcción de sí mismo”, y es a partir de ella, donde uno aprende a subjetivarse. Es decir, que a través de la escucha de los otros en el escenario teatral, uno puede escucharse a sí mismo. Así, “Pájaros en llamas” se convierte en la metáfora de la muerte que busca vida una necesidad de vida. Estos “pájaros” o aviones que danzan en fuego mientras caen, son los testimonios de personas que buscan un sentido en la vida para existir y no solo actuar. La familia, el amor, la identidad son las alas de la vida, pero no son las únicas.
En consecuencia, la dramaturgia de Althaus escapa al testimonio de la tragedia y revela el sentido de la muerte como un recurso para entender la vida. La tragedia no está en atravesar este famoso túnel oscuro, sino en comprender lo que antecede a este. Julio Cortázar decía que “las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir, desborda el alma”. La paradoja de esto es que la muerte parece decir más que la vida y pueda ser cierto- en tanto somos seres frágiles que aprenden más de la vida que con la muerte. Así, el teatro es el salón más idóneo no para representar lo vivido, sino para convivir con lo acontecido y la muerte, una compañera inoportuna, callada, pero presente. Como reza un anónimo “el nacer no es el inicio, morir no es el final; son comas en el libro de la vida”.