CULTURA. Sobre Chabuca Granda (Por Luz Olguino)

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Déjame que te cuente limeño,
Ay, deja que te diga, moreno, mi pensamiento,
A ver si así despiertas del sueño,
Del sueño que entretiene, moreno, tu sentimiento.

Aspira de la lisura que da la flor de la canela,
Adornada con jazmines matizando su hermosura;
Alfombra de nuevo el puente y engalana la alameda
Que el río acompasará su paso por la vereda.

Es un fragmento de la composición inspirada en una lavandera afroperuana, Victoria Angulo, traspasó las fronteras, hasta convertirse en la canción representativa de la música peruana realizada por nada más y nada menos que a la reconocida mundialmente María Isabel “Chabuca” Granda.
Chabuca nació el 3 de septiembre de 1920 en un asentamiento llamado Cotabamba, dentro de Apurímac, Perú. Comenzó a cantar a los 12 años de edad, y debido a su voz de soprano, integró el coro de su colegio; además, fue nombrada vicepresidente de la Asociación de Canto del mismo.
Con su ingreso al dúo Luz y Sombra, al lado de Pilar Mujica Álvarez Calderón en 1937, inició su carrera musical profesional , sería gracias a esta agrupación que se presentaría en diversas emisoras como Radio Nacional o Radio Miraflores. Cinco años después María Isabel se casó con el brasileño Enrique Demetrio Fuller da Costa, con quien tuvo tres hijos. Su vida matrimonial fue breve, terminando en divorcio; su despliegue personal como cantautora se inició precisamente luego de su fracaso matrimonial que fue visto como un escándalo por la sociedad limeña de aquella época.
Ganando en 1948 un concurso organizado por la municipalidad de Rímac, con el tema “Lima de veras”, fue pasando el tiempo e iba dando a conocer nuevos valses realizados por ella. Este periodo de su producción creativa es evocativo y pintoresco. Inspirada en todo lo que conoció a través de su padre, le cantaba a una ciudad antigua, señorial, de grandes casonas con inmensos portales y jardines de invierno.
“Chabuca estaba haciendo el valse desde hacía meses. En esa época, ella trabajaba en la Antigua Botica Francesa. Era consejera de los productos de belleza Helena Rubinstein. Entonces, cuando mi hermana y yo pasábamos por el jirón de la Unión, nos convidaba el heladito. Chabuca nos llevaba después al baño para cantarnos lo que estaba componiendo. Los pedacitos que iba escribiendo de ‘La Flor de la Canela’. El 21 de julio de 1950, día en que mi madre cumplía 48 años, le cantó el vals” recuerda Juanita Loyola Angulo, hija de quien es inspirada ésta reconocida canción. Fue precisamente con La Flor de la Canela que alcanzó su fama como compositora al nivel nacional cuando la agrupación Los Chamas grabo tal tema. Luego vendrían más éxitos otros como “Gracia” y “Ha de llegar mi Dueño” popularizados por el trío Los Troveros Criollos; «José Antonio» y «Fina estampa» difundidos por Edith Barr y muchísimas más publicaciones que se dieron a conocer tras grandiosos artistas y por ella misma también.
Paradójicamente, con la fama y el reconocimiento le llegó una enfermedad a su garganta, que complicó su salud. Por este motivo, viajó a Alemania en 1956 y a los Estados Unidos en 1958 para someterse a una operación. Secuela que le dejaría como resultado una voz grave. Este sería el inicio del estilo de canto peculiar, conversado y matizado con un acompañamiento musical estilizado, le dieron una personalidad artística inconfundible que la destaco más.
Como una artista de vanguardia, siempre tuvo un espíritu renovador. Rompió la estructura rítmica convencional del vals peruano, y sus melodías, de tesitura muy amplia, alternaron el nuevo lenguaje que unifico con el de los antiguos valses de salón. Su producción también revela una estrecha relación entre letra y melodía, que fue variando con el tiempo hacia una tendencia poética cada vez más sintética. Chabuca quebrantó incluso las estructuras de la poesía convencional, y el ritmo de las canciones seguirá los pasos de esa evasión de las rimas, consonancias y métricas dadas.
Su fama se asentó aún más con el álbum «Lo Mejor de Chabuca Granda». Este disco editado en 1962 y supervisado por la misma Chabuca reunió a sus intérpretes favoritos, aquellos que popularizaron sus composiciones; a la calidad de los temas y las virtuosas interpretaciones, se sumó una calidad de sonido nunca alcanzada hasta entonces, por lo cual es considerado como uno de los mejores discos en la historia de la música criolla peruana.
Su carrera musical fue muy marcada, y durante tres décadas alternó haciendo dúo con la primera guitarra del Perú, Oscar Avilés. También trabajó al lado de los guitarristas Lucho González y Félix Casaverde; y los percusionistas Carlos “Caitro” Soto y Eusebio Sirio “Pititi”. Compartiendo sus fantásticas composiciones realizó una gira por casi todas las capitales de América Latina y España, permaneciendo largas temporadas en Buenos Aires, México y Madrid.
En sus últimos años, Chabuca Granda interpretó un repertorio ligado al renacimiento de la música afroperuana que, a pesar de haber estado presente en el país, había sido denostada por razones sociales. Manejó con maestría la variedad de ritmos que enriquecieron la música popular peruana y su poesía. Su voz y su vasta obra se extendieron más allá de las fronteras de su país. Sus letras han sido cantadas también por intérpretes de todo el mundo, que han visto en sus composiciones una fina y sensible expresión de la música del Perú siendo considerada una de las peruanas más importantes del siglo XX.
Todavía se hallaba abocada a diversos proyectos musicales cuando falleció por una isquemia cardiaca en una clínica de Miami, Estados Unidos, el 8 de marzo de 1983. De manera póstuma, se le rindieron diversos homenajes tanto en el Perú como en otros países. Como tributo a ella fueron bautizados con su nombre un paseo en Recoleta y dos plazas en Madrid y Santiago de Chile, el compositor Manuel Alejandro le dedicó su tema «Chabuca limeña» y muchos más homenajes dados a esta gran compositora.