CULTURA. Selección de poemas de Charles Baudelaire

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(Foto tomada de internet)

Un 31 de agosto de 1867, a los 46 años, murió el poeta francés Charles Baudelaire.  Por causa de una sífilis se terminaría la vida de este escritor que causara tanta polémica y revuelo en su tiempo.

Su poemario más importante sin duda fue “Las flores del mal” que sería censurado y tildado de inmoral por la gente de su época; sin embargo, también es el encargado de dar paso a la poesía moderna y cuestionar la estética clásica y convencional. Aquí como un pequeño homenaje a este gran escritor te dejamos una pequeña selección, compuesta por cinco poemas, acerca de su obra.

EL ALBATROS

Por distraerse, a veces, suelen los marineros

Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,

Que siguen, indolentes compañeros de viaje,

Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,

Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,

Dejan penosamente arrastrando las alas,

Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!

Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!

¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,

Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,

Que habita la tormenta y ríe del ballestero.

Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,

Sus alas de gigante le impiden caminar.

EMBRIAGUENSE

Hay que estar ebrio siempre.

Todo reside en eso: ésta es la única cuestión.

Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas,

y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud,

como mejor les parezca,

Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio,

sobre la verde hierba de una zanja,

en la soledad huraña de su cuarto,

la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento,

a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda,

a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es;

y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:

“¡Es hora de embriagarse!

Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,

¡embriáguense, embriáguense sin cesar!

De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

EPÍGRAFE PARA UN LIBRO CONDENADO

Lector apacible y bucólico,

Ingenuo y sobrio hombre de bien,

Tira este libro saturniano,

Melancólico y orgiástico.

Si no cursaste tu retórica

Con Satán, el decano astuto,

¡Tíralo! nada entenderás

O me juzgarás histérico.

Mas si de hechizos a salvo,

Tu mirar tienta el abismo,

Léeme y sabrás amarme;

Alma curiosa que padeces

Y en pos vas de tu paraíso,

¡Compadéceme!… ¡O te maldigo!

LOS CIEGOS

Miralos, alma mía; son en verdad horrendos,

muñecos, parecieran; vagamente ridículos;

extraños y terribles, igual que los sonámbulos,

apuntan no sé a dónde sus tenebrosas órbitas.

Sus ojos que la chispa divina ha abandonado

aún se alzan al cielo, como si escrutaran

el horizonte; y nunca los vemos, soñadores,

inclinar la cabeza abrumada hacia el suelo.

Atraviesan así la negrura infinita,

hermana del silencio. ¡Oh ciudad! Mientras vos

cantás, reís, gritás, en torno de nosotros,

rendida ante el placer hasta la atrocidad,

yo me arrastro como ellos, pero más aturdido

me pregunto: ¿Qué buscan los ciegos en el Cielo?

BENDICIÓN

 

Cuando, por un decreto de las potencias supremas,

El Poeta aparece en este mundo hastiado,

Su madre espantada y llena de blasfemias

Crispa sus puños hacia Dios, que de ella se apiada:

-“¡Ah! ¡no haber parido todo un nudo de víboras,

Antes que amamantar esta irrisión!

¡Maldita sea la noche de placeres efímeros

En que mi vientre concibió mi expiación!

Puesto que tú me has escogido entre todas las mujeres

Para ser el asco de mi triste marido,

Y como yo no puedo arrojar a las llamas,

Como una esquela de amor, este monstruo esmirriado,

¡Yo haré rebotar tu odio que me agobia

Sobre el instrumento maldito de tus perversidades,

Y he de retorcer tan bien este árbol miserable,

Que no podrán retoñar sus brotes apestados!”

Ella vuelve a tragar la espuma de su odio,

Y, no comprendiendo los designios eternos,

Ella misma prepara en el fondo de la Gehena

Las hogueras consagradas a los crímenes maternos.

Sin embargo, bajo la tutela invisible de un Ángel,

El Niño desheredado se embriaga de sol,

Y en todo cuanto bebe y en todo cuanto come,

Encuentra la ambrosía y el néctar bermejo.

El juega con el viento, conversa con la nube,

Y se embriaga cantando el camino de la cruz;

Y el Espíritu que le sigue en su peregrinaje

Llora al verle alegre cual pájaro de los bosques.

Todos aquellos que él quiere lo observan con temor,

O bien, enardeciéndose con su tranquilidad,

Buscan al que sabrá arrancarle una queja,

Y hacen sobre El el ensayo de su ferocidad.

En el pan y el vino destinados a su boca

Mezclan la ceniza con los impuros escupitajos;

Con hipocresía arrojan lo que él toca,

Y se acusan de haber puesto sus pies sobre sus pasos.

Su mujer va clamando en las plazas públicas:

“Puesto que él me encuentra bastante bella para adorarme,

Yo desempeñaré el cometido de los ídolos antiguos,

Y como ellos yo quiero hacerme redorar;

¡Y me embriagaré de nardo, de incienso, de mirra,

De genuflexiones, de viandas y de vinos,

Para saber si yo puedo de un corazón que me admira

Usurpar riendo los homenajes divinos!

Y, cuando me hastíe de estas farsas impías,

Posaré sobre él mi frágil y fuerte mano;

Y mis uñas, parecidas a garras de arpías,

Sabrán hasta su corazón abrirse un camino.

Como un pájaro muy joven que tiembla y que palpita,

Yo arrancaré ese corazón enrojecido de su seno,

Y, para saciar mi bestia favorita,

Yo se lo arrojaré al suelo con desdén!”

Hacia el Cielo, donde su mirada alcanza un trono espléndido,

El Poeta sereno eleva sus brazos piadosos,

Y los amplios destellos de su espíritu lúcido

Le ocultan el aspecto de los pueblos furiosos:

-“Bendito seas, mi Dios, que dais el sufrimiento

Como divino remedio a nuestras impurezas

Y cual la mejor y la más pura esencia

Que prepara los fuertes para las santas voluptuosidades!

Yo sé que reservarás un lugar para el Poeta

En las filas bienaventuradas de las Santas Legiones,

Y que lo invitarás para la eterna fiesta

De los Tronos, de las Virtudes, de las Dominaciones.

Yo sé que el dolor es la nobleza única

Donde no morderán jamás la tierra y los infiernos,

Y que es menester para trenzar mi corona mística

Imponer todos los tiempos y todos los universos.

Pero las joyas perdidas de la antigua Palmira,

Los metales desconocidos, las perlas del mar,

Por vuestra mano engastados, no serían suficientes

Para esa hermosa Diadema resplandeciente y diáfana;

Porque no será hecho más que de pura luz,

Tomada en el hogar santo de los rayos primitivos,

Y del que los ojos mortales, en su esplendor entero,

No son sino espejos oscurecidos y dolientes!”

 

 

*Selección hecha por Johan Cano Valencia, licenciado en Literatura y Lingüística, editor de la sección de cultura de HBA, columnista y profesor de secundaria.