CULTURA. No siga ese pájaro (Por Johan Cano Valencia)

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(Imágenes tomadas de internet)

Ruido, caos, bullicio y ajetreo. Todo se complica cada vez más. El ritmo de vida es tan rápido que, a veces, el tiempo parece esfumarse. El mundo es un monstruo gigante y la rutina su enorme boca que nos engulle. Así estaba yo, cuando llegó a mis manos el libro de poemas titulado “No siga ese pájaro”, del escritor arequipeño Martín Zúñiga.

Perteneciente al sello “Paracaídas Editores”, en solo 63 páginas, el libro nos presenta un universo lírico lleno de imágenes en las que la posmodernidad se nos presenta con todas sus falencias. El poeta utiliza la palabra para hacernos notar que estamos metidos en una época plástica e insensible. Hemos perdido la capacidad de ver “los pequeños secretos del mar”, de “entregar el corazón, [que] es [la única forma de] recibir y es [la única] verdad”. Nos hemos deshumanizado tanto, que ni siquiera somos capaces de sentir.

Como una bofetada directa al rostro, la poesía de Zúñiga nos despierta de “el tedio, [de] la torpeza”. Parece querer reclamarnos la capacidad de ver, de reflexionar sobre las cosas, pues, para el vate, “el mundo [se presenta] cual película muda, tal vez ciega”. No estamos viendo hacia dónde vamos, parecemos “un chico perdido de dieciséis” que ha emprendido un viaje persiguiendo sus sueños que se han “criado [y creado] poco a poco en las pantallas de televisión”.

“No siga este pájaro” es la recomendación del poeta. Él nos invita a detenernos un poco y a romper con la monotonía y el automatismo. La posmodernidad, que vivimos hoy en día, es un “pájaro” embustero que nos está llevando por el camino incorrecto. Todo ha sido a través de falsas “promesas sobre la primavera a la vuelta de la esquina”, esa que se suponía iba a llegar cuando el hombre terminara de “construir muchas máquinas”. Con la excusa del progreso y de la evolución, nos convertimos en una sociedad fría y egoísta.

Todas las palabras y los artilugios le sirven al poeta para intentar despertar al embobado lector. Incluso el formato del texto adquiere significado, pues las poesías se numeran con un lenguaje binario, igual que las computadoras.

Mención aparte merecen los “fragmentos” que el escritor coloca entre poema y poema. No son sino pequeñas protestas que el yo lírico dice haber leído en alguna parte (como si el mundo buscara la forma de reclamarnos). No hay mejor forma de describir la poesía de este libro que, precisamente, con una frase que encontramos en uno de ellos: “si esta palabrita/no te sabe bien/no sería honesto”. Sin duda, un libro de poesía altamente recomendable.

Artículo escrito por Johan Cano Valencia, licenciado en Literatura y Lingüística, editor de la sección de cultura de HBA, columnista y colaborar de algunos diarios de Arequipa y profesor de secundaria.