CULTURA. Las berenjenas del amor (Por Adriana Flores Ramos)

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Empecemos por esto, para muchos las berenjenas no podrían representar el amor, aparte de tener un fuerte sabor amargo. La preparación de esta verdura debe ir aliada con salsa de tomate y por ahí le echan queso (típica receta de ratatouille).
Sin embargo, en muchas otras culturas es algo así como el talismán del amor. Existe un libro entretenidísimo, Elogio a la berenjena, en el que se relatan anécdotas, recetas y hasta biografías fantasiosas donde se subraya que la berenjena formaba parte de los fármacos antiguos capaces de revivir el amor. Un faraón comía berenjenas como loco para cumplir como se debe con su bella reina. Y por ahí dicen que Leonardo Da Vinci le pasó una receta al Duque de Milán para que no tenga papelones en sus delirios amatorios.
Por otra parte, un gran escritor latinoamericano que también tiene bellos relatos con las berenjenas es Gabriel García Márquez. En una de sus obras cumbres, El amor en los tiempos del cólera, nuestra heroína, Fermina Daza, repudiaba esta verdura desde pequeña. Las detestaba sin haberla probado (como muchos y como yo incluso), pues para ella tenía color de veneno. Su padre le obligó a comer berenjenas previstas para 6 personas. Esa misma noche, vomitaba sin parar; esa misma noche, creyó morirse.
Después de dos años de correos frenéticos de amor, Florentino Ariza se envalentonó para hacerle a Fermina la propuesta formal de matrimonio, a la que contestó, influenciada por su tía Escolástica y por el amor de juventud, a lápiz y en una sola línea “Está bien, me caso con usted si me promete que no me hará comer berenjenas”. La emoción de los Ariza por el próximo matrimonio fue cortada por Lorenzo Daza que amenazó a Florentino y se llevó a su hija a un viaje del olvido. Hasta que la misma heroína mutiló todo amor con su enamorado y se casó con Juvenal Urbino.
Ya casada y con un hijo en vientre, vuelve de París. En la lujosa cena de bienvenida de los esposos se sirvió un plato que a Fermina le encantó y no logró identificar. Luego de acabar con dos raciones se enteró que lo que había comido con un placer insospechado fueron dos platos de rebosante puré de berenjenas. Así, “en la quinta de La Manga se sirvieron berenjenas en todas sus formas casi con tanta frecuencia como en el Palacio de Casalduero, y eran tan apetecidas por todos que el doctor Juvenal Urbino alegraba los ratos libres de la vejez repitiendo que quería tener otra hija para ponerle el nombre bien amado en la casa: Berenjena Urbino”.
Al final de la obra, cuando Florentino con sus reiteradas visitas a la viuda Fermina le propone un viaje a bordo del Nueva Fidelidad, ella cocina para dos parejas de amantes un plato que es bautizado como las Berenjenas del amor.
Y así concluyo que las berenjenas no solo sirven como aperitivo afrodisiaco, si no como el mejor representante del amor. Amar a una persona es el mismo recorrido que saborear una berenjena, un camino que va del escepticismo hasta el empeño en querer disfrutar cada momento con tu chico/a. Gabo lo sabe, los egipcios lo saben, Leonardo lo sabe y yo también. ¿Y tú, ya tienes a tu berenjena del amor?

Artículo escrito por Adriana Flores Ramos