CULTURA. Cantinflas: Del pueblo para el pueblo (Por Johan Cano Valencia)

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(Mario Moreno "Cantinflas" 1911-1993)

Es una tarde lluviosa en México, pero a nadie parece interesarle. Las calles están repletas de gente, o más precisamente, una de ellas. Oleadas de personas han ido a verlo, es el 20 de abril de 1993, y todos quisieran que se borre ese trágico día: ha muerto Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, o simplemente “Cantinflas”.

Amado por el pueblo porque surgió y provino de él. Nació en el barrio mexicano de Santa María la Ribera, pero creció en el de Tepito. Fue hijo de una pareja muy pobre compuesta por un humilde cartero llamado Pedro Moreno Esquivel y por una mujer llamada María de la Soledad Reyes Guízar. Aunque fue el sexto de un grupo de ocho hermanos, en realidad debieron ser catorce (desde chico, la vida le enseñó que la pobreza te arranca las cosas a tirones).

Debido a la falta de recursos, aprendió a buscarse la vida desde muy joven. Fue por necesidad que trabajó de ayudante de zapatero, limpiabotas, mandadero, cartero, empleado de billar, boxeador y hasta torero. A los 16 años de edad, quiso escapar a un mundo mejor y buscó en el ejército una solución para sus problemas; sin embargo, lo echarían cuando su padre envió una carta indicando que el joven adolescente había mentido con respecto a su edad.

En la imagen, se observa al actor recibiendo el Globo de Oro. El galardón lo obtuvo en 1957 por la película “La vuelta al mundo en 80 días”

Aprendió a reírse de la vida y a encontrar en la risa un escape para los problemas. Este espíritu cómico lo llevó a trabajar por distintos circos, de donde luego pasaría al teatro y al cine. Sería en allí, entre las carpas, en los que surgiría el apodo que lo llevaría a la fama: Cantinflas. Lo más probable es que tuvo que haber creado este sobrenombre para evitar que sus padres supieran de su trabajo en las compañías cirqueras, pues les hubiese causado una vergüenza. Nunca quedó claro el origen de su apodo, sería un secreto que el actor se llevaría a la tumba.

En los circos, su vida tomaría un importante giro. La popularidad y el agrado que causaba su actuación entre los asistentes, sobre todo en los trabajos junto a Manuel Medel, pronto lo llevarían al teatro y finalmente a la pantalla grande. En el teatro, Moreno conocería a Valentina Ivanova, su mujer, con la que lamentablemente nunca pudo tener hijos, pero con la permaneció hasta su muerte. Debido a la imposibilidad de la pareja para la concepción, tuvieron que adoptar, aunque otros rumores sostienen que ese hijo fue producto de una relación extramarital.

La experiencia de vida de Mario fue determinante para su actuación. Los papeles como lustrabotas, barrendero, cartero, y muchos otros, llegaron al cine en distintas películas: Moreno parodiaba su vida y, al mismo tiempo, imprimía en la pantalla una radiografía del pueblo mexicano.

En los personajes que encarnó casi siempre existe una hermosa dualidad: personas llenas de pobreza y de ignorancia, pero con un corazón noble y lleno de bondad. Ese es el secreto de la popularidad de Cantinflas y su genialidad. Por esta razón, quizás, muchos críticos señalan que entender a Cantinflas es entender la historia de México, que su lenguaje enredoso es un reflejo de las carencias de la modernidad (se quiere decir tanto, se quiere ser tanto, pero no se consigue nada).

Su presencia en el pueblo, sin duda, fue muy marcada. Al punto, que Diego Rivera y Rufino Tamayo (dos grandes pintores mexicanos) lo inmortalizaron en sus obras de arte. Aunque, en realidad, para ese entonces Cantinflas ya estaba presente en el corazón y la mente de todos los latinoamericanos. Finalmente, murió a causa de una metástasis de cáncer de pulmón. Ese día el mundo entero le rindió homenaje, incluso en el congreso de los EE.UU. se hizo un minuto de silencio en su honor.

Imagen del mural pintado por Diego Rivera, en la que aparece Cantinflas.