CULTURA. Bob Marley: Símbolo de paz y hermandad (Por Johan Cano Valencia)

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Es un día viernes, un 3 de diciembre de 1976, y en Jamaica todo parece estar tranquilo. De pronto, se oye una ráfaga de disparos: Bob Marley, su mujer y su manager han sido atacados. El atentado se ha dado en la vivienda del músico, y, aunque no era muy tarde, no se ha podido identificar a los agresores. Lo han atacado porque Bob ha decidido participar en un concierto por la paz que algunos han considerado un acto de apoyo político. Han intentado callarlo, pero él todavía no ha muerto.

Robert Nesta Marley Booker nació el 6 de febrero de 1945 en Nine Mile, Jamaica. Fue hijo de Cedella Booker, una afro-jamaiquina que lo tuvo a los 18 años, y de Norval Marley, un jamaiquino blanco de ascendencia inglesa. Desde pequeño, sufrió el abandono de su padre y la inexperiencia de su madre que, al verse sola, tuvo que acomodarse en una vivienda muy pobre y precaria.

Sin agua, ni electricidad, Bob aprendió a valorar las verdaderas cosas importantes de la vida y a entender que la felicidad no tiene precio. La vida le brindó una oportunidad y permitió que su madre rehaga su vida con un nuevo esposo. Así, ganaría un hermanastro, Bunny Wailer, con quien tendría una buena relación y descubriría su amor por la música.

Más tarde, su familia (compuesta por su madre, su padrastro y 3 hijos) se mudaría a Kingston, capital de Jamaica. Allí, Bob y Bunny recibirían formación musical de un cantante local y empezarían a componer sus primeras canciones, sin saber que la música sería el camino que los llevaría a la fama.

Debido a la falta de recursos, de muchacho, Bob buscó trabajo en una fundición en la que sufriría una quemadura en uno de sus ojos. Sin embargo, el amor por la música siempre estuvo presente y Marley se daba el tiempo para practicar y componer canciones.  Sería, precisamente, este afán el que lo decidiría a formar un grupo con la intención clara de alcanzar la fama. Así nacieron los Wailing Wailers (gritos de protesta).

“Gritos de protesta” fueron siempre las letras de sus canciones que evidenciaban el abuso, promovían la igualdad y la lucha por los derechos. Al principio, los promotores, que no pensaban en la música como algo más que un espacio de diversión, se negaron a impulsar su carrera. Hasta que finalmente su estilo alcanzó un sector de admiradores que cada vez fue en aumento hasta llevarlo a la fama.

Las giras vendrían pronto y también su acercamiento al movimiento Rastafari. Las ideas que buscaban la unión panafricana estarían presentes siempre en sus declaraciones, seguidas de frases que perseguín la paz y la hermandad. Toda una ideología que acompañada del ritmo lento y suave del reggae lograría pronto adeptos alrededor del mundo y le ganarían un espacio como líder no solo musical, sino ideológico.

Por todas estas razones, volvería para tocar en Jamaica en un concierto organizado por la paz. Unos días antes del concierto sufriría un terrible atentado que lo llevaría al hospital. Sin embargo, esto no impediría que se suba al escenario y que cante a pesar de estar todavía malherido y en proceso de recuperación. “La gente que está tratando de hacer este mundo peor no se toma ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo? Ilumina la oscuridad” fue lo que dijo que le preguntaron porque a pesar de ser atacado realizó el concierto.

Por este y otros actos similares, Bob recibió La medalla de la Paz de la Naciones Unidas, La orden del mérito en Jamaica, sin contar los varios reconocimientos musicales en los que destaca un Grammy.

Bob seguiría cantando por el mundo y teniendo una vida plena. Tuvo 12 hijos, varios de los cuales serían producto de relaciones extramatrimoniales. Actualmente, algunos de sus hijos se dedican a la música reggae y han alcanzado cierta notoriedad (entre ellos Ziggy Marley y Damian Marley).

Finalmente, Bob enfermaría de un cáncer al que no quiso tratar de forma médica convencional, sino con un tratamiento alternativo que consistía en evitar el consumo de ciertos alimentos y reforzar el de otros. El cáncer se agravó hasta que por fin apagó definitivamente su voz un 11 de mayo de 1981, a los 36 años de edad. Antes de morir, sus últimas palabras, dirigidas a su hijo Ziggy, fueron: “El dinero no puede comprar la vida”.

Diez días después se realizó en Jamaica un multitudinario funeral que terminó en Nine Miles, a donde llevaron de vuelta sus restos.