ARTÍCULO. Aníbal Quijano: La colonialidad del poder (Escrito por José Gabriel Valdivia)

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Aníbal Quijano nació en Yungay-Ancash en 1928 y murió en Lima el pasado jueves 31 de mayo del 2018. Estudió en la Universidad Mayor de San Marcos, donde se doctoró en Letras en 1964. Realizó una maestría en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO. Se dedicó a la docencia en universidades de América Latina y Estados Unidos. Su labor investigativa aborda diversas líneas de las ciencias sociales, entre las que destacan sus estudios sobre la identidad, la colonialidad del poder y el eurocentrismo.
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En una visita que hiciera a Tacna el año 1993 para dictar una conferencia, conocí a Aníbal Quijano. Lo recuerdo entusiasmado en su oratoria y reservado en la conversación amical, pero sumamente reflexivo y original en sus interpretaciones de la realidad nacional contemporánea y en su estudio y comprensión del legado de José Carlos Mariátegui.

Era la década sombría del fujimonte(c)inismo y del primer año del funesto golpe a la democracia del 5 de abril. En ese entonces colaboraba en el diario Correo-Tacna y en el suplemento cultural Lagartija. Por extrañas razones dejé el papel de comentarista en la sección editorial y pasé a escribir una columna (Pluma al viento) en la página cultural.

He buscado en mis empolvados archivos lo que reseñé de la visita y conferencia del autor de, Dominación y cultura: lo cholo en el conflicto cultural peruano (1964), pero los hallazgos fueron infructuosos. No dejaré de calificar este libro como el pionero de los nuevos enfoques de aproximación a la sociedad peruana contemporánea.

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En la década del ochenta, los jóvenes que seguimos su pensamiento recordamos su libro Modernidad, identidad y utopía en América Latina (1988), en el que revisaba las tendencias del pensamiento latinoamericanista contra “el modo eurocentrista de producir conocimiento”, desde la aparición de la Nueva corónica y buen gobierno (1615) de Felipe Guaman Poma de Ayala hasta la imposición del neoliberalismo en nuestro país.

En la aciaga década del noventa del pasado siglo XX, la brillantez y madurez de su reflexión va a crear, junto con otros académicos, la teoría de la colonialidad del poder. A través de ella, intenta establecer relaciones entre la modernidad y una concepción del poder ligada a la experiencia colonial en el mundo.

Fueron también los momentos de “El fin de la historia” (1997), lanzado por el japonés Francis Fukuyama, donde declaraba el triunfo de la burguesía mundial y la hegemonía de un orden económico en el que el capital había vencido al trabajo. Esta visión finalista, porque no, apocalíptica, fue respondida con energía y esperanza por Aníbal Quijano desde las “venas abiertas” del continente latinoamericano. Su posición se resumía en que: dos siglos después de lucha entre capital y trabajo, el triunfo parecería estar del lado del primero… solo que un nuevo capítulo estaba por escribirse… puesto que la historia de los trabajadores explotados del mundo recién comienza… y que el comienzo del fin era la globalización… y no la extinción de los fascismos o los socialismos… por lo tanto, otra historia era posible… y esa historia podía ser la nuestra…”

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En agosto del 2015, Aníbal presentó una ponencia sobre la colonialidad y descolonialidad del poder en América Latina, en un congreso latinoamericano y caribeño de ciencias sociales. En este trabajo hizo una breve síntesis de su pensamiento, recordando “el carácter colonial de la modernidad” y definiendo la colonialidad como “un patrón de poder que produce un fenómeno absolutamente inédito: la idea de raza”.

Desde la conquista se estableció una desigual diferencia biológica entre los europeos y los americanos, teniendo en cuenta una discriminadora idea de raza que determinó las futuras relaciones sociales entre ambos miembros de una misma especie, sin poder disolverla a lo largo de la historia, muy a pesar de los cambios de poder y las relaciones sociales, que, por el contrario, la han ido complejizando.

Hay que distinguir la episteme colonialidad de colonialismo. Este último representa una “relación de dominación entre identidades y etnicidades”. La colonialidad pretende demostrar que la historia depende de un factor racial. De este modo, la liberalizadora modernidad es paradójica, porque habló de igualdades sin darse cuenta que se fundó en una desigualdad racial. Por ello, es natural que en nuestro proceso histórico latinoamericano se haya dado una incomprensión de la modernidad, devenida en rechazo o dificultad en su implementación o imposición bajo la denominación de progreso.

Planteó, entre otras cosas, que, en los momentos actuales, no existe en el planeta un grupo que pueda imponer su dominación social, como sucedió en el siglo XV. Lo que predomina hoy es lo heterogéneo y lo vario. Además, sostuvo que al mundo le espera un reindigenización, porque casi todos fuimos indigenizados por la dominación colonial eurocéntrica.

Para el brillante sociólogo peruano, el inicio de la revolución global descolonial en la época contemporánea, se dio en Haití, donde no solo se dio una lucha entre amos y esclavos sino entre negros contra blancos. Esto demostró un serio cuestionamiento a las relaciones de poder fundadas en la raza. Por eso, Haití fue destruido desde sus orígenes históricos y se impuso una recolonización.

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En el mes de enero del 2017, el fallo final de la 58a edi¬ción del concurso literario Casa de las Américas (La Habana, Cuba), le otor¬gó el premio especial de ensayo Ezequiel Mar¬tínez Estrada por Cues¬tiones y horizontes. De la dependencia históri¬co-estructural a la colo¬nialidad/ descolonialidad del poder, una antología preparada por Danilo Assis Clímaco. El jurado destacó la contribución de su pensamiento “a la comprensión de los desafíos más apremiantes de nuestras sociedades latinoamericanas”.

 

El colonialismo, para los latinoamericanos, africanos, hindúes o árabes, es una experiencia histórica, pero el resultado de esos siglos de dependencia externa ha generado una forma de pensamiento, estrechamente relacionada con esas condiciones históricas, muy bien llamada: coloniali¬dad. Esta se expresa en una diversidad de comportamientos supérstites, muy difíciles de rastrear desde una perspectiva decolonizadora o descolonial, y más aún con epistemes provenientes de modelos eurocentristas.

A fines del siglo XX, se debatió en Cusco, el tópico: modernidad en los Andes. Una conclusión de dicho evento reconoció la necesidad de revisar la modernidad desde una visión indígena o neoindigenista para superar los conflictos, tratando de inventar epistemes adecuados que no dependan de las concepciones eurocéntricas. En este sentido, lo moderno y lo andino podían establecer un nuevo diálogo desde las entrañas de nuestro conflicto histórico colonial a partir de una visión descolonizadora.

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La teoría de la decolonialidad de Quijano tiene vínculos con otras reflexiones, provenientes de los estudios culturales, como la heterogeneidad de Antonio Cornejo Polar o la transculturación del uruguayo, Ángel Rama.

Paz para sus huesos, memoria para sus ideas.

Autor del artículo: José Gabriel Valdivia