AREQUIPA. La historia de Antonio: El joven que subió al volcán Misti y se accidentó al descender

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Se negó a perder contra el Misti, e hizo de todo por sobrevivir. Sufrir un accidente en el cono volcánico suele ser mortal, los montañistas lo corroboran. Antonio Taype sobrevivió, y no fue un milagro, sino más bien resultado de sus ganas de vivir y de la rápida acción de los rescatistas de la Unidad de Salvamento de Alta Montaña (USAM) de la policía nacional y de un equipo de Guías de Alta Montaña de Arequipa.

“Sentí desesperación cuando caía la noche, y una densa neblina cubrió el lugar; hacía mucho frío y yo estaba con una chompa, mi casaca, un jean y zapatillas de campo. Pensaba en mi familia, lloré cuando mi mamá me llamaba al celular, también desesperada; mi mamá, mi papá y mi hermanita son lo más importante en mi vida”, nos relató en exclusiva cuando lo visitamos en su vivienda ubicada en el Asentamiento Humano La Mansión II en Socabaya.

Antonio es un joven de 25 años, algo flacucho pero de carácter aventurero. El jueves por la noche había decidido subir al volcán por segunda vez; en la primera, no había llegado a la cima. En esta oportunidad estaba convencido de lograrlo y lo hizo. Partió por el lado del volcán que da hacia Alto Selva Alegre a las ocho de la noche, y al día siguiente estuvo en la cima a las ocho de la mañana. “Lo hice como penitencia, para poder reflexionar sobre lo que había hecho bien o mal en mi vida, quería hacer este camino sólo”, dijo.

 

Cuando llegó la hora de descender tomó un camino diferente al de su ascenso, siguiendo el rastro a otros peregrinos que habían partido desde la cima antes que él. “Llegué a una zona donde el terreno era sólo nevada y arena, me senté para tratar de deslizarme y bajar lentamente, pero la pendiente hizo que agarre más velocidad, y terminé dando vueltas hacia abajo”.

Todo fue cuestión de segundos, “me golpeé la cabeza por atrás, por lo que me cubrí la cara con mis brazos, y al mismo tiempo trataba de frenar con el palo que había subido. Todo era inútil, me golpee contra piedras sueltas que no detenían mi caída, hasta que ví unas rocas de mayor tamaño; era estrellarme contra ellas o morir”.

El impacto le causó contusiones en la muñeca izquierda, y afortunadamente sólo registró un corte de poca profundidad en la cabeza. Sin embargo, no podía caminar porque su tobillo izquierdo también estaba golpeado.

Pasados 15 minutos del accidente, un joven se apareció en el lugar y le dio un polo para que se amarrara la herida en la cabeza que sangraba, además le regaló una chalina, para sostener el brazo como cabestrillo. Juntos llamaron a la Policía de Alta Montaña y se comunicaron por whatsapp con las autoridades.

El joven abandonó a Antonio sólo en la zona, temeroso de ser incriminado o involucrado en investigación alguna. Otros tres que también pasaron por el lugar – horas más tarde – hicieron lo mismo, aunque le dejaron agua y maíz tostado.

La verdadera angustia empezaba, Antonio racionó lo que le habían dado, a pesar de no haber comido las últimas 24 horas. En un momento también comía nieve para no deshidratarse. Nos relató que trató de estar lo más calmado posible, y no perdió nunca la fé. Fueron más de 10 horas de frío, miedo y espera.

 

El equipo de guía de Alta montaña lo ubicó al promediar las 9 y 30 de la noche. “Me sentí tranquilo, había vuelto a nacer, había tratado de ganar unos metros bajando lentamente, pero si continuaba era posible que volviera a caer, porque cuando bajamos con los rescatistas me dí cuenta que lo que tenía adelante era una pendiente más pronunciada de la que no podría haber sobrevivido. El tramo que hicimos con los rescatistas fue más largo de lo que pensé”.

Se le brindó el auxilio correspondiente, y llegó al hospital Honorio Delgado Espinoza al promediar la una y media de la madrugada. Esta mañana fue dado de alta y en menos de 24 horas de haber estado en el Volcán Misti, retándolo y luchando, su vida ha vuelto a la normalidad. Nos recibió en la puerta de su casa donde era el día de la limpieza.

Al culminar con la entrevista el estudiante del tercer año de ingeniería geofísica se despidió prometiéndonos que volvería a subir a la cima, pero que no cometería el mismo el error de ir sólo y no llevar los implementos necesarios. “Necesito volver a sentir la sensación de estar sólo con la naturaleza, allá arriba”, sentenció.

 

Reportaje de: Dirceu Chávez